En el marco del debate por la reforma laboral impulsada por el gobierno de Milei, y tras el impacto generado por el cierre sorpresivo de la planta de Fate en San Fernando, Romina Selzer reflexiona sobre el rumbo económico y social que propone el Gobierno nacional y sus consecuencias concretas en los territorios.

Selzer advirtió que el modelo libertario impulsa una “Argentina transaccional, una Argentina de paso, una Argentina de oferta”, donde el país deja de pensarse como un espacio productivo para transformarse en una plataforma de transacciones rápidas, orientada al comercio exterior y a la especulación, sin necesidad de producir ni de sostener empleo.
“El modelo nos empuja a ser un país cada vez menos productivo, donde se puede exportar y vender sin hacer, sin trabajadores y sin comunidad”, sostuvo. En ese marco, señaló que la reforma laboral y los cierres industriales no son hechos aislados, sino parte de una misma lógica que desarma el derecho a producir como derecho colectivo.
La dirigente sanfernandina de origen cooperativista y presidenta de la Fundación Impulso y Encuentro, alertó además sobre el impacto territorial de este proceso: “Estamos yendo hacia un hábitat para pocos, donde los espacios fabriles se transforman en nuevos negocios inmobiliarios que solo absorben al mismo diez por ciento que hoy ya accede a esos mercados”. Según remarcó, esta transformación expulsa a la mayoría y vacía de sentido al trabajo como organizador social.
Selzer cuestionó también la ausencia de planificación, tanto a nivel nacional como local. “No hay un plan productivo nacional, pero tampoco un plan local en San Fernando. Y entonces la pregunta es inevitable: ¿de qué vamos a trabajar mañana?, ¿a qué nos vamos a dedicar?, ¿qué les vamos a preguntar a nuestros pibes cuando les preguntemos qué quieren ser cuando sean grandes? ¿Va a valer la pena siquiera hacer esa pregunta?”, planteó.
En ese sentido, advirtió sobre los riesgos de delegar el destino del trabajo exclusivamente al mercado. “Un mercado que determina a qué dedicarse, desde un ejercicio profundamente individualista de la economía, termina rompiendo también los círculos sociales y comunitarios”, señaló.
Finalmente, Selzer defendió la experiencia de las cooperativas y del trabajo colectivo como una respuesta concreta frente a este modelo. “Nosotros seguimos produciendo, generando trabajo, economía real y movilidad social. Defendemos el derecho a producir, porque sin producción no hay identidad, y sin identidad no hay comunidad”, concluyó.




























