En el sudoeste de la provincia de Buenos Aires hay un paisaje que rompe con la idea tradicional del olivo en Argentina. Entre sierras bajas, campos abiertos y la cercanía del Atlántico, el viento recorre hileras de árboles que, año tras año, dan origen a los aceites de oliva virgen extra más reconocidos del país y premiados internacionalmente. Esos lugares se pueden visitar para participar de experiencias como catas dirigidas -y probar los manjares en el mismo lugar donde se cultivan-, cosecha y charlas técnicas.
La Ruta del Olivo invita a descubrir un camino que une destinos y emprendimientos productivos: Coronel Dorrego, con las fincas Estilo Oliva, Capilla Nuestra Señora del Olivo y Rumaroli; Bahía Blanca, con Olivos de Napostá, Olivos Olivos y Fincas Nobles Caciques; Tornquist, con Olivares de las Sierras; Puán, con Epu Antu y Adolfo Alsina con Recondito Olivares. Las condiciones climáticas similares a las del Mediterráneo europeo, junto con la calidad de los suelos, permiten una producción de excelencia que forma parte de la identidad regional.
La mística de este fruto noble se concreta en su máximo esplendor durante la Fiesta Provincial del Olivo, en Coronel Dorrego y durante la Semana del Olivo, que se celebra del 16 al 20 de marzo.
Más que un circuito productivo, el oleoturismo se vive como una experiencia sensorial en los destinos turísticos bonaerenses: caminar entre los olivares, conocer la cosecha, descubrir los aromas del aceite recién elaborado y entender el circuito que une al árbol con la mesa.
Olivos del Napostá: salud, naturaleza y olivicultura
En Cabildo, partido de Bahía Blanca, César Di Domenico y Víctor Serafini transformaron en 2014 su profesión médica compartida en un proyecto ligado al bienestar y a la tierra. Implantaron 20 hectáreas de olivos bajo sistema intensivo y crearon un espacio donde producción y salud dialogan.
El lugar cuenta con un resort instalado en una casona inglesa de 1910, puesta en valor para alojar huéspedes y promover la sencillez del estilo de vida mediterráneo. En él se desarrollan actividades vinculadas al cuidado físico, mental y emocional, en una propuesta que combina olivicultura, turismo y bienestar.
La producción de aceite de oliva virgen extra y el desarrollo de un Centro de Bienestar reflejan esa filosofía que articula salud, medioambiente y vida rural. Como parte de su su propuesta gastronómica se destaca un plato estrella: cordero patagónico mediterráneo al asador con aceite de oliva.
Finca Oliva Olivos: gastronomía y tradición artesanal
Ubicada sobre la RN 3 Vieja, en Bahía Blanca, esta empresa familiar comenzó con 14 hectáreas y, en la actualidad, supera las 3.600 plantas. En un entorno rural, combina producción de aceites y conservas artesanales con propuestas gastronómicas y educativas.
“Nuestra actividad principal es la producción de oliva virgen extra, logrando un producto de alta calidad desde el campo a la mesa, ya que contamos con la almazara propia que permite la extracción de aceite dentro de las ocho horas de cosechado”, contó su propietario, Franco Tamburo.
Quienes visitan el establecimiento pueden realizar recorridos guiados con degustaciones y explicaciones técnicas sobre el proceso productivo. Durante la temporada de cosecha, entre abril y junio, también pueden participar de la recolección de aceitunas y vivir en primera persona el trabajo en el olivar.
La propuesta gastronómica incluye el Resto La Finca, que ofrece menús de tres y cuatro pasos con alternativas vegetarianas, veganas y aptas para celíacos. También cuenta con una casa de té que sirve infusiones acompañadas de pastelería fresca y opciones para las infancias.
“Con el objetivo de asegurar calidad, los productos utilizados en nuestros servicios varían según la estación. Trabajamos con pequeños emprendedores y productores locales, además de ofrecer nuestros vinos y café de especialidad”, añadió.
Entre las propuestas más especiales del lugar se destaca una cena a la luz de la luna en medio del olivar, que transforma el campo en un escenario íntimo y memorable.
Epu Antu: tierra de los Dos Soles
Impulsado en Puan desde 2006 por la cooperativa local, su nombre –que en lengua mapuche significa Tierra de dos soles– alude al reflejo del sol sobre la laguna cercana, un fenómeno que duplica la luz del paisaje y le da identidad al lugar.
El emprendimiento propone visitas guiadas por la plantación y la almazara, donde se explica el proceso de producción del aceite de oliva, desde el cultivo de los árboles hasta la elaboración final. Durante el recorrido también se comparte información sobre el desarrollo de la actividad olivícola en el país.
La experiencia se completa con degustaciones de aceite de oliva pensadas para reconocer aromas, texturas y variedades. Además, el espacio organiza jornadas de cicloturismo entre las hileras de olivos, integrando actividad física, turismo rural y contacto con el paisaje.
Recóndito Olivares: cultura alemana del Volga y permacultura
En la colonia San Miguel Arcángel, partido de Adolfo Alsina, el olivar se integra a un territorio atravesado por la herencia de los alemanes del Volga en una propuesta que combina arraigo cultural, producción y espiritualidad.
“La particularidad de la colonia es que mantiene sus raíces y que por la distancia que la separa de los centros urbanos, quedó estancada en términos de crecimiento y desarrollo. Los jóvenes fuimos migrando, como nuestros antepasados, para estudiar en las grandes urbes. Sin embargo, algunos volvimos con ideas para trabajar pequeñas superficies y desarrollar un emprendimiento, que terminó convirtiéndose en un modelo de producción a largo plazo para sostener las raíces profundas y el arraigo de nuestra tierra con el olivo, como un símbolo de paz y unidad”, explicó Leandro Schneider, productor del establecimiento.
La experiencia en la finca incluye caminatas guiadas, recorridos por la huerta y el monte frutal, y encuentros en un refugio construido con materiales naturales bajo principios de permacultura. En este espacio se ofrecen desayunos, meriendas y la degustación de la especialidad destacada del lugar: el Olivalatte, una infusión elaborada con hojas de olivo y leche.
“Practicamos el turismo rural, con la expectativa de ser un faro y un ejemplo de acción, por eso desarrollamos una propuesta turística respetuosa con el medio ambiente y organizamos días de campo para conocer la colonia y su gastronomía típica”, detalló.
Rumaroli: tecnología y excelencia
Con una almazara de tecnología italiana de última generación, Rumaroli, en Coronel Dorrego, procesa la fruta bajo estrictos estándares de calidad, cuidando cada etapa del proceso para preservar las propiedades y el carácter del aceite de oliva. La incorporación de equipamiento moderno permite optimizar los tiempos de molienda y garantizar un producto final de alto nivel.
El emprendimiento también participa en ferias gastronómicas y espacios vinculados a la producción regional, donde difunde la cultura del aceite de oliva y promueve su consumo. Además, ofrece catas guiadas en las que se exploran aromas, sabores y características de las distintas variedades.
Un circuito con identidad propia
La Ruta del Olivo es una invitación a descubrir una Buenos Aires distinta. Lejos del imaginario puramente pampeano, el sudoeste provincial encontró en el olivo una nueva expresión productiva y turística reconocida a nivel mundial.
Cada visita revela que detrás de cada botella hay historias de arraigo, innovación y comunidad. Entre el mar y las sierras, el aceite dorado resume una certeza: el Mediterráneo también puede latir en suelo bonaerense.




























