Día del Trabajador en la Feria del Libro

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El gran acontecimiento cultural de América Latina no descansa y el 1.° de mayo abre de 13:00 a 22:00

Las puertas se abren, una vez más, el Día del Trabajador y la Feria del Libro de Buenos Aires no descansa. La ansiedad captura los rostros de los primeros visitantes en un día tan especial y allí, para darles la primera bienvenida, están ellas y ellos, que detrás de los molinetes reciben con una sonrisa a cada uno de los lectores.

Como Karla Gaona, quien asegura que ser el primer contacto entre el público y la Feria “es muy importante”: “Es una sensación agradable porque ya ves que la gente llega con buena energía, dispuesta a disfrutar, entonces se hace más llevadero. Además, es un día especial, en el que la mayoría de la gente no trabaja y tiene ganas de pasarla bien”, agregó.

Los pasillos se van poblando, del Pabellón Ocre al Blanco, los visitantes recorren stands, buscan libros, preguntan precios y esperan por ese momento mágico en que se encuentran de primera mano con los autores o participan de una charla en algunas de la salas.

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La Feria funciona y brilla, pero no solo por los trabajadores del universo del libro, sino también por todos aquellos que están detrás de los pequeños detalles que hacen posible que la experiencia sea inolvidable. Matías Lescano, por ejemplo, camina también entre los pasillos junto a su compañero Facundo Ibero. No están de visita, ni les interesa conocer las últimas novedades, ellos son solo una pequeña parte de las personas que hacen posible que la Feria luzca radiante.

“Si lo pensás de manera fría, a nadie le gusta trabajar el 1° de Mayo, pero uno siempre tiene razones para hacerlo. En mi caso, trabajo para pagarme los estudios, así que la fecha en que lo haga no hace la diferencia”, explica Lescano. Ibero, por su parte, agrega: “Nosotros nos encargamos que todo esté prolijo, que no haya el más mínimo papelito en el piso. Es un trabajo de mucha atención”.

En sus 45 mil metros cuadrados, las sorpresas abundan y la información es fundamental para poder alcanzar ese libro tan deseado o la sala donde en media hora hablará tal autor. Para eso están los cinco puestos de informes, pero cuando el apuro apremia, los visitantes buscan alternativas, como los vigiladores. Así lo explica Marcos Pérez, que resguarda el enorme pasillo que úne el Pabellón Ocre con el Azul: “Es mi primera Feria y la verdad que es muy movido todo. Hay mucha gente, y cuando te ven parado sí o sí te terminan preguntando por direcciones, stand o salas. Así que además de cuidar, te convertís en un experto de la Feria, terminás conociendo mucho más de lo que esperabas. Hay que estar informado”.

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Allí, también ocultos entre tantas letras de molde, se encuentran los expositores, que esperan estas fechas para reencontrarse con sus clientes habituales y, claro, conocer nuevos, por lo que el Día del Trabajador no es una fecha más.

“Creo que es una gran propuesta para disfrutar un feriado y se nota en la cantidad de familias que se acercan. Eso hace que trabajar en este día tenga un valor especial. Nosotros somos amantes de los libros y la lectura, y cada oportunidad de transmitir esa pasión es un evento en sí mismo. La gente está más liberada, viene, recorre con tranquilidad, se nota que hay un disfrute”, asegura Ariel Yammal, desde el stand 161.

Entre tanta búsqueda, siempre se necesita un momento para el descanso, para comer algo y juntar energía con el fin de continuar la odisea. Para eso existen múltiples puntos de ventas de alimentos de toda índole. Esteban Monsello, Sabrina Romero y Nicolás Falbo están al frente de uno de los puestos de comida desperdigados por toda La Rural y aseguran que los visitantes tienen patrones de comportamiento similares. “Hay momentos en los que no pasa nada, la gente está muy metida en la búsqueda, en preguntar. Uno los ve ir y venir, pero no se detienen ni a mirarnos. En cambio, cuando llegan las horas pico todo cambia. Ahí, se generan colas de personas que luego seguirán en su búsqueda”, comenta Monsello.

La Feria del Libro es un mundo de papel y tecnología, dentro de otro, una micro ciudad que durante tres semanas se convierte en un mecanismo aceitado para que la experiencia del visitante sea los más placentera posible, para que ingresen con una sonrisa, y se retiren de la misma manera. Y para eso se necesita dedicación, compromiso y amor por los libros sin importar la hora, ni la fecha, sin importar siquiera que sea el Día del Trabajador.

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