“Gracias a los movimientos de danzas árabes en Puerto Libre de San Isidro se me fueron los dolores”

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Marta Terrero, de 78 años, es un claro ejemplo de los beneficios físicos que aportan las actividades que se brindan en el principal lugar de recreación de adultos mayores de zona norte.

“Gracias a los movimientos que hacemos en las clases de danzas árabes en Puerto Libre se me fueron los dolores”, expresa con una sonrisa, Marta Terrero, de 78 años, que desde hace tres años decide mover sus caderas al ritmo de este milenario baile. Al igual que ella, cerca de 20 adultas mayores realizan esta práctica todos los lunes desde las 14:00, en el predio del Municipio de San Isidro, donde miles de abuelos prolongan su juventud a orillas del Río de la Plata, en Martínez.

Ubicadas en círculo, las alumnas se disponen a comenzar su rutina de baile. Comienza la música y mueven su velo y su cuerpo con una agilidad sorprendente. Mientras la profesora observa atentamente y da las indicaciones: “Brazos en v, uno de los pies se adelanta y se cruza por delante”. Las abuelas acatan y coordinan los movimientos, y se notan a gusto ante cada postura.

“Con esta danza ejercitan casi la totalidad del cuerpo. En ese sentido, podemos decir que beneficia la correcta alineación corporal y que contribuye a reducir los dolores de espalda. También se coordinan músculos y nervios con la mente y, cuando entra en escena la música, automáticamente se logra una relajación natural y se desencadena una sensación de placer, que es la que hace que las abuelas salgan felices”, explica la profesora Aldana Pereyra.

Esta práctica también elimina el estrés, provoca un desbloqueo físico, psíquico y mental, que ayuda a sentir más seguridad ante la vida. También ayuda a expresar las emociones que proporcionan una sensación de alivio, tranquilidad y armonía.

“Veía esos bailes tan hermosos y me llamaban la atención; pensaba en lo bonito que se veía; soñaba con practicarlo, pero lo veía imposible. Sin embargo, pude lograrlo aquí en Puerto Libre. Estas clases nos llenan de vida y de felicidad”, comenta Ana Oliva, tras concluir su coreografía.

Durante cada encuentro, se ejercitan distintos estilos como Jaliyi, Nubia, Saidi y Jagala, y trabajan con velo, chinchines y bastón, entre otros elementos.

“Con las clases de danzas árabes nos paramos diferente y logramos tener otras posturas. Le agradecemos al Municipio por esta actividad que nos ayuda a vivir mejor. Y también ahora puedo recordar más, ya no me olvido las coreografías. Sabemos todas las posturas, cuando la profesora nos dice pecho arriba ya sabemos que hacer”, completa entre risas, Nélida Suárez.

Las alumnas de un nivel más avanzado tienen un grupo de representación, que realiza bailes de danzas árabes en los centros de jubilados del distrito.

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