Mensaje de monseñor Ojea para la 44° Peregrinación Juvenil a Luján

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Queridas amigas, amigos, queridos hermanos, nos disponemos a peregrinar a Luján.

Hace muy poquito estuve en Itatí, fue tan conmovedor para mí ver a tantos jóvenes caminar setenta kilómetros para llegar a la casa de la Madre, y luego las confesiones a la noche.

Confesé una parte importante de la noche; una maravilla ese Pueblo de jóvenes que camina a la Virgen.

También a nosotros, nuestra Madre de Luján nos espera el próximo fin de semana como todos los años.

Le llevamos todas nuestras intenciones, toda nuestra carga, toda nuestra verdad, nuestra realidad; nuestras pobrezas; la situación del país; la falta de trabajo, le llevamos tantas cosas que vamos necesitando cada vez más. Y se las llevamos primero con el corazón, también con el pensamiento, pero después cuando corazón y pensamiento están agotados, entonces, solamente rezan los pies; reza el cansancio, reza el cuerpo, por eso esos finales de la Peregrinación son tan conmovedores.

El Puente de Luján con sus bautismos, para aquellos que se decidan a bautizar, la Basílica y tantos lugares para confesarse cuando llegan; yo estaré confesando también, un rato a la noche, y me preparo para ese día, porque es un día muy fuerte.

La Madre nos recibe con el corazón abierto, vayamos con esperanza; nosotros somos un pueblo que espera de verdad.

Pidámosle a la Virgen que nos ayude a defendernos de tantos males; pidámosle que nos enseñe a ser más buenos, a ser mejores y que nos conceda como pueblo poder vivir en paz y con trabajo.

Qué Dios los bendiga.

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