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LEER cerró con una imperdible charla de Mariana Enriquez y un baile colectivo desatado por Luis Pescetti en el escenario

Se realizó este fin de semana en torno del género de terror y con los más destacados escritores y escritoras del género

Fue una fiesta, pese al calor sacado de una película apocalíptica. Celebración de la literatura de terror y bajo la consigna Lo tenebroso y lo espeluznante. De eso se ocuparon ayer Mariana Enriquez, Luciano Lamberti, Esther Cross y otros expertos en la materia durante la segunda y última jornada de la LEER- Literatura En El Río, que desde las 13 ofreció además una carpa con más de un centenar de editoriales, un espacio para las infancias, actividades para los chicos y cierre a puro baile con Luis Pescetti.

“Tuvimos charlas muy interesantes que nos ayudan a ser mejores lectores,
gran diversidad de editoriales, el Espacio Infancias cada año más robusto, lo cual nos pone felices porque es un público al que le prestamos especial atención, y cerramos las mesas con Mariana Enriquez y un salón literalmente desbordado de público”, comentó Eleonora Jaureguiberry, secretaria de Cultura y Ciudad de San Isidro, a cargo del evento, que tiene el apoyo de la Fundación Medifé y entrada gratuita.

“Es genial que le den al género de terror un status literario central porque, en general, suele quedar en las periferias, y que no desdeñen el entretenimiento, también, porque lo siniestro y lo tenebroso también lo tienen”, dijo la autora de Las cosas que perdimos en el fuego y Nuestra parte de noche.

En el auditorio, la actividad la abrió la mesa Monstruos y vampiros a través del tiempo moderada por Matilde Sánchez. “Laiseca decía que el monstruo es un ser único en su especie. Me interesa pensarlo así y no definirlo a través de nuestros conceptos morales y éticos”, expresó Ricardo Romero. A su lado, Luciano Lamberti habló del cuento Un hombre sin suerte, de Samanta Schweblin, como una forma de terror. “Tengo hijos chicos y eso me da miedo, esa sugerencia sobre un abuso. El monstruo está ahí”, aseguró el autor de La masacre de Kruguer. “Mary Shelley tiene la sabiduría narrativa de tomar no lo que estaba pasando, sino lo que se decía que estaba pasando. Del cruce de la ciencia, de lo que se divulga como saber científico, y de la admiración y el temor por el avance científico surge su Frankenstein”, explicó Esther Cross.

“Disfruto mucho de estar acá porque este concurso tiene la maravilla de poder abrir puertas a muchísimos autores nuevos, algo que no siempre ocurre con los premios”, sostuvo Martín Felipe Castagnet en la presentación de la Antología 2022 del Premio Municipal de Literatura Manuel Mujica Láinez, junto a Eleonora Jaureguiberry y Camila Fabbri, directora de Literatura del municipio.

A las 16, el músico y escritor Luis Pescetti habló sobre miedos propios y
ajenos. “Yo era un chico con muchos miedos y aprendí a sobreponerme a ellos riéndome”, comentó ante una platea donde asomaban muchos niños y niñas, varios de los cuales habían pasado por las postas de sellitos de monstruos, disfraces de terror y maquillaje espeluznate.

“Es importante ver editoriales que no llegan a las librerías de tu barrio, como ésta que traduce del coreano, y charlar con la gente que los hace y distribuye –contó Aldana Perazzo, que venía de comprar El valle perdido y otros relatos alucinantes-. Dicen que es un clásico del terror fantástico, ¿hoy tendré que dormir con la luz encendida?”, se preguntó sonriente.

No hacía falta una prueba más de que Enriquez alcanzó hace rato el status de rockstar, pero la hubo. Más de 600 personas siguiendo sus palabras dentro y fuera del auditorio y decenas de fans terminada la charla haciendo fila y libro en mano para llevarse su firma.

“Deformo lo autobiográfico y robo biografías ajenas, no lo puedo superar”, arrancó sonriente la autora de Éste es el mar en charla con Sandra Gasparini. Y siguió: “Yo vivía en Lanús, éramos jóvenes. Mi barrio era una especie de isla en un océano espantoso; el Riachuelo, un límite extraño con su putrefacción y la dictadura con sus crímenes a gran escala. Luego, en los 90, fábricas abandonadas, boliches siniestros, también la época del VHI. Esto es mi autobiográfico afantasmado, una especie de regalo para un escritor del terror”.

Contó que compraba la colección de los libros Horror con cuentos de Robert Aickman y Poppy Brite, “que no estaban tan presentes en ese momento”, y algunas cosas de la revista Minotauro, como El país de octubre, de Bradbury, Soy leyenda, de Richard Matheson, y algo de Cliver Baquer”. Elogió Réquiem para un sueño, de Hubert Selby Jr (“me parece lo más”) y de nuestro Fogwill dijo admirarlo, “pero era medio chongo, ¿dónde están las mujeres, la feminización?, aparecían muy decorativas, bajo una mirada muy masculina”.

“Algunas editoriales en EE.UU. te permiten pedir el lector sensible que te dice: tenes que poner más personajes queer o de color. Es aterrador. El escritor escribe lo que puede, incluso equivocándose y no siendo diverso, está hablando de su época, de sus limitaciones y está bien que así sea”.

También habló de cómo el cine influyó en sus inicios como escritora, sobre
todo en la creación de atmósferas, dijo que toma actores del cine como
castings y que el actor sueco Alexander Skarsgård es Juan en Nuestra parte de noche. “Tengo miedo de que me haga un juicio, pero con gusto iría a la audiencia con tal de verlo en persona”, agregó sonriente.

De su inclinación por incluir en los relatos jerga médica muy específica dijo que viene de una casa llena de libros y cuadernos de medicina, (“mi mamá estaba terminando esa carrera”) y de sus lecturas de novelas victorianas. “Tienen mucho cuerpo, mucha enfermedad, mucha tisis, mucha neurastenia, y todo eso acompañado de monstruos vinculados muchas veces con el contagio, con el vampiro. La enfermedad se me conforma con algo del orden del monstruo y lo terrorífico”. Y remató: “Cuando el cuerpo es vulnerado por alguien más o por uno mismo, se acabó. Me parece muy narrativo pensar el cuerpo como última frontera, el cuerpo solo, ya ni siquiera con la defensa de su psiquis”.

LEER le puso palabras al miedo y también le puso risas y música, lejos del
tenebroso Chan, chan, chan y con Pescetti y su grupo en el escenario. Un
punto final al aire libre y con baile colectivo, desatado y sin edades.

+ También participaron de LEER la ecuatoriana María Fernanda Ampuero, Dolores Reyes, José María Marcos, Mariano Quirós, Fernando y Milagros Pérez Morales, María Inés Falconi, Gabriela Faillace, Luciano Saracino, Victoria Bayona y Franco Vaccarini. Además, moderaron Constanza Bertolini, Natalia Blanc y Patricia Kolesnicov / Las charlas están disponible en el canal de YouTube de San Isidro Cultura.

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