Aseguran que la obesidad es la principal causa de la hipertensión primaria o de causa no identificable

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La obesidad “es la principal causa de la hipertensión esencial (o primaria) y representa quizás hasta un 65 ó 75 por ciento del riesgo cardiovascular” presente en una población, aseguró el doctor en fisiología e investigador John Hall.

“La obesidad o ganancia excesiva de peso es la principal causa de la hipertensión esencial, y representa quizás hasta un 65 o 75 por ciento del riesgo cardiovascular”, sostuvo el investigador del Centro Médico de la Universidad de Mississippi (Estados Unidos), entendiendo por “esencial” aquella que surge sin una causa definida o identificable.

La hipertensión arterial (HTA) además de ser la causa principal de ACV, de demencias vasculares y de enfermedad renal crónica, está presente en el 80 por ciento de los casos de muerte por enfermedad cardiovascular.

Además, la mayoría de los pacientes hipertensos tienen obesidad o sobrepeso, lo que conlleva además otros factores de riesgo.

En Argentina la obesidad aumentó 42,5 por ciento en menos de una década y el 34 por ciento de la población es hipertensa, existiendo una relación “evidente” entre ambas “epidemias”, aseguró la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), organizadora del Congreso, a través de un comunicado.

Según datos de la 3° Encuesta Nacional de Factores de Riesgo dados a conocer el año pasado por el Ministerio de Salud de la Nación, 6 de cada 10 argentinos tienen sobrepeso (Índice de Masa Corporal mayor de 25 y menor de 30) y 2 de cada 10 son obesos (IMC mayor a 30).

Esto implica, según Hall, que la Argentina ocupa el puesto 13 entre los países del mundo con mayor prevalencia de sobrepeso.

Junto con los Estados Unidos (en el puesto 9, con más del 74 por ciento de prevalencia), Barbados y México, Argentina integra el grupo de cuatro países americanos que figuran entre los 20 del mundo con más sobrepeso y está por delante de los países europeos.

Esto, precisó el investigador, tendrá serias consecuencias ya que, como sucede en su país, “la obesidad es el mayor desafío para la economía del sistema de salud”.

“El incremento mundial de obesidad, diabetes, insuficiencia renal -alteraciones todas relacionadas entre sí-, son un problema grave a nivel mundial y en nuestro país son causa del incremento de hemodiálisis y trasplantes renales; y el control de la presión arterial está en el centro de esa problemática”, aseguró el presidente del Congreso, Alejo Grosse.

Por su parte, el presidente actual de la SAHA advirtió que “no todos los obesos son hipertensos, ni todos los que tienen peso normal tienen siempre presión normal”.

“Pero una alimentación más sana para bajar de peso siempre ayuda a mejorar el control de la presión arterial, tanto en quienes son hipertensos como en los que no, y tanto en los que están medicados como en quienes no lo necesitan”, dijo.

De hecho, los propios médicos “recetan” una dieta con menos grasas saturadas, menos sal, más frutas y verduras, y moderada en harinas y dulces como la parte “no farmacológica” del tratamiento. A ello le suman pautas de ejercicio físico, indispensable para la salud en general.

“Aunque a nivel estadístico es evidente la relación entre obesidad e hipertensión, a nivel fisiológico aún no está del todo claro el mecanismo definitivo que las asocia”, explicó la la médica Mónica Díaz, miembro de la SAHA.

Según esta especialista, el aumento de la presión arterial en las personas obesas podría deberse a una reabsorción excesiva de sodio que estimula al sistema nervioso simpático o del sistema hormonal renina-angiotensina, e incluso podría deberse al impacto directo de la presión intra-abdominal sobre los riñones, que regulan la presión arterial a la vez que realizan el filtrado de la sangre.

“Como la obesidad favorece el desarrollo de hipertensión arterial, complica su evolución, dificulta el tratamiento porque se necesita mayor número de drogas o mayores dosis para controlar al paciente hipertenso-obeso y, en suma, dificulta el control de la hipertensión”, sintetizó Díaz.

La especialista argentina señaló además que los pacientes con obesidad e hipertensión que bajan de peso, en general, “disminuyen su presión arterial, por lo cual es muy común que deban consumir menos drogas o menores dosis de antihipertensivo”.

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