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Iñaki Urlezaga: «La libertad que te da el escenario no te la da ningún otro espacio»

Después de una carrera en los principales teatros del mundo, el bailarín vuelve a los escenarios con El aplauso final, una reflexión sobre la despedida

Siete años después de su despedida, Iñaki Urlezaga vuelve a subir a un escenario para protagonizar El aplauso final, obra escrita, dirigida y concebida por él que reflexiona sobre el legado, la transmisión y ese instante irrepetible en que un artista recibe, quizás, su último aplauso.

Una de las principales figuras del ballet argentino, se formó en La Plata e ingresó posteriormente al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, donde desarrolló una brillante carrera como primer bailarín, así como también del Teatro Argentino de La Plata y del Royal Ballet de Londres. Hoy, en el rol de coreógrafo y director de su propia compañía, Ballet Concierto, está dedicado a formar a las nuevas generaciones de bailarines. Pero el sábado 26 y el domingo 27 de septiembre volverá a calzarse las zapatillas de punta para brillar en el escenario del Teatro Ópera On, sobre la calle Corrientes.

—¿Qué te llevó a elegir una historia sobre el paso del tiempo y las despedidas?

—Conscientemente, no lo sé. La inspiración vino por la primera bailarina, Julieta Paul, que en este caso está atravesando un momento similar. Es un tema que me tocó una fibra muy íntima. Y además me di cuenta que en la danza se habla muy poco sobre esta situación. Ahí había una temática teatral muy potente y fuerte para desarrollar.

—¿Cómo fue para vos volver a los escenarios luego de tantos años?

—Me pasaron dos cosas fundamentales. Una es que la obra me llamó sin quererlo, porque no fue el propósito volver al escenario, sino que el propósito era hacer la obra. Pero cuando me di cuenta de que este rol me estaba esperando, realmente fue algo muy hermoso, porque el rol es tierno y tiene parte de mi personalidad. También no deja de ser mi naturaleza estar arriba del escenario. Igual, yo ya tuve mi aplauso final. Esta obra habla de quienes vendrán después.

—¿Cómo llevaste este triple rol de creador, coreógrafo y director?

—Es algo que va en mí. A lo largo del tiempo me ha pasado estar de un lado y del otro. Es como si yo caminara entre el proscenio y el foso de orquesta, como si ese fuera mi lugar: de un lado el público, del otro los artistas y yo en el medio. He transcurrido la vida siempre de esa manera, no digo que me sea fácil, pero me gusta y es mi naturaleza.

—¿Qué significó el Teatro Colón en tu vida, más allá de la danza?

—El Colón es una escuela de vida, te da disciplina mental, intelectual, emocional. Es una formación integral donde además de enseñarte a bailar, te enseñan la disciplina, el respeto, los valores, que te marcan para toda la vida porque se impregnan en la persona a muy temprana edad. Es como la facultad pero a los ocho años.

—¿Cómo ves la oferta de danza hoy en la Ciudad?

—Buenos Aires siempre fue un epicentro cultural de Latinoamérica. O sea, está el Colón, que es una compañía más clásica, aunque ahora abordan temáticas más contemporáneas. Después está el San Martín, que es una compañía de excelencia y un gran orgullo porteño, pero también nacional porque hay gente que viene del interior a bailar al teatro y después está toda la calle Corrientes que transita de manera privada todo lo que tiene que ver con nuestra actividad y, también, desde una perspectiva un poco más amplia.

«Yo ya tuve mi aplauso final. Esta obra habla de quienes vendrán después.» — Iñaki Urlezaga, bailarín, coreógrafo y director.

—Esa amplitud o mestizaje de disciplinas, ¿te gusta?

—A mí la apertura a nuevas temáticas, nuevos lenguajes, nuevas formas estéticas me parece que es una manera viva de poder sostener la danza. Lo contemporáneo, lo clásico, lo neoclásico, lo experimental, lo teatral. Yo estoy a favor de todo eso, porque es ampliar, no reducir.

—¿Qué extrañás de estar en los escenarios, y qué gusto te podés dar ahora que no bailás profesionalmente?

—La libertad que te da el escenario no la tiene ningún otro espacio. Hay algo ahí arriba. Quienes lo hemos vivido, quienes lo transitamos, sabemos de lo que hablamos y cuando eso no está hay algo que muere con uno porque no se puede desarrollar en otro sitio. La vida abajo del escenario es más tranquila, sobre todo en las mañanas, porque al ser las noches más calmas uno arranca de una manera muy diferente.

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