Tigre fue derrotado en Córdoba, ante Belgrano, por 1 a 0

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A Tigre le costó caro un grueso error defensivo y terminó derrotado en Córdoba, ante Belgrano, por 1 a 0. El equipo de Gustavo Alfaro, intentó atacar a cuentagotas y sin efectividad, no logró hacer pié en la Docta ante un rival que supo aprovechar el desconcierto grupal. Habrá que continuar trabajando para volver a sumar y esperar que se recuperen los lesionados.

El equipo sufrió en Córdoba. No solo por el resultado adverso que lo deja en estado de alerta sino que también sufrió por el llamativo rendimiento. Sufrió arriba, con el partido igualado el Matador no supo meterla en momentos clave. Sufrió abajo también, cada llegada de Belgrano fue un suplicio y con tendencia hacia la red.

Es verdad que este Tigre no tiene nada que ver con el que piensa y sueña Gustavo Alfaro, con el estigma de las lesiones a cuestas es un conjunto limitado y con la inexperiencia de sus reemplazos como bandera de batalla.

Pero sufrió. En los primeros minutos del partido en el Mario A. Kempes hubo un tramo de esperanza; con Tigre agazapado para la contra y un Pirata incrédulo al no poder detener los veloces contragolpes de su rival. Así fue como el Chino Luna dispuso de una jugada que recordará por un tiempo largo, desperdiciando un mano a mano ante Olave, en soledad.

Y sufrió más, cuando a los 24 minutos cayó un centro sin destino definido al área de Seba D’Angelo el cual atrapó la redonda con poca firmeza y terminó escurriéndosele entre las manos. El rebote dio en la cabeza de González Pirez para que la “carambola” termine en los pies de Mauro Obolo quien definió con el arco a su merced.

Tras ese gol de Belgrano al Matador se le hizo cuesta arriba el encuentro. Comenzó a sentir los nervios y la contrariedad de sentirse en desventaja sin merecerlo. Belgrano conoció el territorio y se hizo dueño del partido.

Ni los cambios pudieron hacer reaccionar a un Tigre complicado en su juego, pero más aún en sus dudas a la hora de armar jugadas de ataque. Con el telón final a punto de caer, los últimos intentos fueron retazos de pelotas al área y disparos a las manos del arquero. Uno de estos centros pudo ser el empate, al minuto 42 del complemento, con un cabezazo de palomita realizado por Martín Galmarini que el arquero, Juan Carlos Olave, desvió con la punta de su pié izquierdo a puro reflejo.

Tigre sufrió y perdió un partido que le fue incómodo. Quizás el empate pudo ser el marcador más acorde pero el gol lo hizo el local y poco hizo el Matador para revertirlo. Otro golpe de realidad para un equipo diezmado y con la necesidad imperiosa de volver a rugir pronto.

 

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