Con un ecógrafo portátil diagnostican casos tempranos de hidatidosis en escuelas rurales

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El ecógrafo portátil permitió diagnosticar en escuelas rurales casos de hidatidosis -una parasitosis que el hombre comparte con ovejas, vacas y cerdos a través de la transmisión de perros infestados por comer achuras- en una exitosa experiencia que busca tratar tempranamente a las personas afectadas, afirmó Mirna Sawicki, del Hospital de Enfermedades Infecciosas Francisco Muñiz.

En un simposio en la Academia Nacional de Medicina convocado por Mundo Sano, fundación dedicada a sumar “esfuerzos para reducir el impacto de las enfermedades desatendidas”, Sawicki presentó resultados de un estudio de campo que llevó a un equipo interdisciplinario a las localidades bonaerense de Azul, Bahía San Blas (partido de Patagones) y Pampa del Indio (Chaco).

“El modo es ir con el ecógrafo (que ubica los quistes hidatídicos) a una población en el ambiente con riesgo epidemiológico, por eso se hizo en escuelas rurales, y salir a buscar la patología para tener posibilidad de saber cuál es la verdadera prevalencia”, contó a Télam Sawicki, del área Ecografía de la división Radiodiagnóstico del Muñiz, en Parque Patricios.

La prevalencia cada cien mil habitantes se ubicaba en 1,06 en 2005, y reportó una relación de 0,4 en 2012, disminución relacionada con un trabajo sostenido en regiones epidemiológicas como la Patagonia.

“En la Patagonia, que era un sitio de altísima prevalencia, vienen trabajando hace veinte años en los catastros ecográficos centrados en Río Negro, con médicos ecografistas al principio y luego con generalistas formados” en la técnica, relató Sawicki.

Los casos de infestación hidatídica humana “disminuyeron porque desparasitaron a los perros a través de una tenencia responsable, y se atacó desde el catastro ecográfico y radiológico sobre la prevalencia en la población, lo que redundó en tratamientos precoces”.

La hidatidosis, una patología de notificación obligatoria, “es una enfermedad parasitaria zoonótica en la que hay un huésped definitivo que es el perro, e intermediarios, que somos los humanos, las ovejas o los vacunos”, dijo Sawicki.

El gasto en salud estimado para una década en la provincia de Buenos Aires representó 2.750.000 dólares, compuesto por tratamiento quirúrgico -2.300.000 dólares- y costo de medicamentos -450.000 dólares-.

La pérdida de dinero no sólo es por el costo del impacto sobre el trabajador que tiene la patología, sino también sobre la industria pecuaria, en la que hay decomiso de vísceras y animales que no salen al mercado.

En general, el parásito llega al humano cuando es faenado el animal colonizado con “Echinococcus granulosus“, que forma quistes en las vísceras y llega a los perros cuando las comen.

La enfermedad no da síntomas inmediatos, “por eso es importante para cortar el ciclo enseñarle a los chicos que no tiene que darle las vísceras a comer al perro sino enterrarlas”.

El estudio de campo sumó seis viajes a zonas rurales, el más extenso se desplegó en centros sanitarios y colegios de la localidad chaqueña de Pampa del Indio, donde Sawicki junto con extraccionistas, infectólogos y personal del hospital local Dante Tardelli, hizo “tres días y medio de catastro y 495 ecografías”.

“Hay que rescatar el trabajo en sitio, el trabajo multisectorial que potencia el rol del veterinario, del biólogo, infectólogo, ecografista, hasta del chofer que traslada gente y equipos“, contó.

La patología se va desarrollando lentamente, en el tejido blando del pulmón o, en la mayoría de las personas, en el hígado porque es el primer filtro y el parásito viene por circulación venosa desde el intestino del humano.

“Cuando llega, pasaron muchos años y el paciente consulta por dolor abdominal, ruptura de un quiste o hallazgo casual por ecografía ginecológica, y ya hay cuadros más graves relacionados a quistes grandes en los que la única opción es la quirúrgica”, detalló.

En los chicos, “el tiempo de infestación es pequeño, que es lo que se busca para evitar que esa persona sea un enfermo a los cuarenta años, en la plena vida personal y laboral“, planteó la experta, quien reivindica la ecografía como recurso económico y portátil, útil para improvisar una camilla con una manta sobre un pupitre.

“Somos un país muy centralista en general, no se va a buscar la patología; yo creo que hay que salir y hacer una apertura de los centros sanitarios a la población, articulando con la gente del lugar para luego brindar el tratamiento“, consideró.

La acción “no tiene sentido si uno va a hacer estadística: tiene sentido si el número va acompañado de una solución al paciente”, concluyó Sawicki, quien convocó a “vencer esas barreras que atentan contra la llegada de las personas a los servicios de salud”, para reducir el impacto que causan estas “enfermedades desatendidas que, en verdad, son personas desatendidas”.

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