San Isidro: el Vía Crucis cobró vida en el barrio La Cava

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Más de 400 personas se acercaron el Viernes Santo a la procesión organizada por la parroquia Nuestra Señora de la Cava. El intendente Gustavo Posse participó del recorrido desde Tomkinson al 900 hasta las inmediaciones del barrio.

Ni el frío ni el viento pudieron contra la fe de más de 400 personas que participaron el pasado Viernes Santo del Vía Crucis viviente en el barrio La Cava. El obispo monseñor Oscar Ojea y el intendente Gustavo Posse también formaron parte de la procesión que fue organizada por la parroquia Nuestra Señora de La Cava.

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“Impacta ver la cantidad de gente que se suma año tras año a esta propuesta. Me produce mucha alegría ver al barrio unido, familias enteras que más allá de disfrutar del espectáculo trasmiten un mensaje de unión y paz”, manifestó Posse mientras caminaba junto a los vecinos.

Y remarcó: “Lo que necesita la gente en los lugares más humildes es paz social y un mensaje de esperanza”.

El párroco Jorge García Cuerva comentó: “La gente del barrio se siente muy identificada con la cruz de Jesús. Muchos sufren el problema de la vivienda, la droga, el desempleo y la discriminación. Este grandioso evento muestra estas cruces al resto de la comunidad con un mensaje esperanzador”.

Durante casi tres horas, la gente mantuvo su paso firme y una emoción en lo que fue el vigésimo aniversario de esta celebración en la que un grupo de vecinos, que asisten a la parroquia del barrio La Cava, escenificaron las catorce estaciones que representan los pasos de Jesús en su camino al calvario desde la última cena con sus discípulos hasta su crucifixión y muerte.

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Junto a su mujer, el vecino Marcelo Boadro contó: “Es muy emocionante vivir este Viernes Santo así. No sólo en esta fecha sino todos los días debemos tener presente el mensaje de paz, entrega y valorar al prójimo”.

A unos metros, Laura Banegas, una de las vecinas encargadas del vestuario, expesó: “Hemos trabajado mucho pero estoy muy orgullosa y más que satisfecha por lo logrado. Realizamos más de 200 prendas nuevas para esta ceremonia tan particular y ensayamos cuatro meses. Es una emoción muy grande”.

Mientras veía con atención la puesta en escena, Osvaldo Santillán concluyó emocionado: “Es el segundo año que vengo y lo que más me gusta es poder compartir este momento con mis vecinos y gente de otros lados. Esto es sólo una demostración de que no todo es malo en el barrio y que hay buena gente”.

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