El infectólogo Osvaldo Teglia, profesor asociado de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, analizó el brote detectado a bordo del crucero MV Hondius y advirtió sobre las particularidades del hantavirus Andes, una variante identificada en Argentina con capacidad de tranAsmisión aérea entre personas. El episodio vuelve a poner en foco los riesgos sanitarios en espacios cerrados y remite a experiencias previas como el brote de Epuyén y la pandemia de Covid-19.
El reciente brote de hantavirus registrado a bordo del crucero MV Hondius encendió alarmas sanitarias internacionales y volvió a instalar una pregunta inquietante: ¿puede repetirse una situación similar a la vivida con el Covid-19?
Para el médico infectólogo Osvaldo F. Teglia, profesor asociado de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, el episodio tiene elementos epidemiológicos que justifican la preocupación, especialmente porque el virus involucrado sería la variante Andes hantavirus, una cepa única en el mundo por su capacidad de transmisión interpersonal aérea.
“El hantavirus Andes posee una característica excepcional entre los hantavirus: puede transmitirse de persona a persona por vía aérea, tal como ocurre con el Covid y otras virosis respiratorias”, explicó Teglia.
Un viaje turístico que terminó en tragedia
Según reconstruyó el especialista, el brote se habría originado en una pareja neerlandesa aficionada al avistaje de aves que recorrió durante cinco meses zonas rurales y silvestres del sur de Argentina y Chile antes de embarcar en Ushuaia.
La hipótesis principal es que ambos turistas tuvieron contacto con el llamado “ratón colilargo” (Oligoryzomys longicaudatus), reservorio natural del hantavirus Andes. El roedor elimina el virus a través de saliva, orina y heces.
“Ese pequeño ratón puede convertirse en un arma letal”, sostuvo Teglia. “La infección puede adquirirse por inhalación de partículas contaminadas o incluso por contacto cercano con personas infectadas durante los primeros días de la enfermedad”.
El “colilargo” habita zonas boscosas y rurales de la Patagonia. Los incendios forestales y la deforestación lo han desplazado de su hábitat natural, obligándolo a adoptar hábitos peri domésticos para obtener alimento, convirtiéndolo así en un enemigo más fastidioso para el hombre.
La pareja falleció y fue considerada el caso índice del brote detectado en el crucero.
El antecedente argentino que anticipó el aislamiento social
El análisis del especialista también recupera uno de los episodios sanitarios más relevantes de la historia reciente argentina: el brote de hantavirus ocurrido entre 2018 y 2019 en Epuyén, Chubut.
En aquella ocasión se registraron 34 casos y 11 muertes. Todo comenzó durante una fiesta de cumpleaños y derivó en medidas de aislamiento respiratorio selectivo que, años después, serían comparadas con las restricciones implementadas globalmente durante la pandemia de Covid-19.
“La experiencia de Epuyén fue pionera en aislamiento social y hoy vuelve a ser observada atentamente por las autoridades sanitarias y por la OMS frente al brote del crucero”, indicó Teglia.
Un virus “tan argentino como el mate”
El hantavirus Andes fue identificado por científicos argentinos del Instituto Malbrán en 1996, tras un brote en El Bolsón, Río Negro. Investigaciones lideradas por las doctoras Nora López y Paula Padula permitieron detectar que se trataba de una variante desconocida hasta entonces. Convirtiéndose en la primera identificación genética del hantavirus Andes en toda América del Sur, y además la primera evidencia directa de transmisión interpersonal de un hantavirus en el mundo.
“El hantavirus Andes podría decirse que es tan argentino como el gaucho y el mate”, afirmó Teglia. El virus circula principalmente en el sur de Argentina y Chile y presenta una letalidad que puede alcanzar hasta el 50% de los casos.
El desafío de prevenir una enfermedad sin vacuna
Actualmente no existen vacunas ni tratamientos específicos contra el hantavirus Andes. Por eso, la prevención sigue siendo la herramienta principal.
Entre las medidas recomendadas se destacan:
- evitar el contacto con roedores silvestres y sus excreciones;
- acampar únicamente en sitios habilitados;
- mantener alimentos en recipientes cerrados;
- ventilar espacios cerrados al menos entre 30 y 60 minutos;
- evitar barrer en seco en lugares potencialmente contaminados.
“Los estrictos protocolos de bioseguridad del crucero se toparon con una paradoja inesperada: embarcaron pasajeros infectados y la enfermedad se propagó dentro del barco como un reguero de pólvora”, concluyó Teglia.
|




























