Cirugías anti-obesidad: ya son más de 60 los que se operaron gratis en la provincia

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El plan tiene sede en el hospital Bocalandro de Tres de Febrero. Una de las últimas mujeres operadas pasó de 125 a 93 kilos en pocos meses. Cómo se preparan y cuáles son los beneficios de lograr el peso justo.

El programa de Cirugías Bariátricas del ministerio de Salud de la Provincia superó las 60 operaciones gratuitas en los últimos dos años. Una de las últimas se hizo en el hospital Bocalandro, de Tres de Febrero, y tuvo como protagonista a Marcela Di Stéfano, una mujer de 36 años que llegó a pesar 125 kilos.

Marcela, hoy después de la operación pesa 93 y siente que volvió a nacer.
Marcela, hoy después de la operación pesa 93 y siente que volvió a nacer.

A solo dos meses de ingresar al programa en el hospital Bocalandro ya había bajado 14 kilos. Ahora, que ya pasó por el quirófano, donde la hicieron lo que se conoce como “manga gástrica”, bajó otros 15. Hoy pesa 93 y siente que volvió a nacer. “Imaginate: me entra la ropa, salgo a caminar, me río más, salgo con amigas y tengo ganas de hacer cosas, eso no me pasaba desde chica”.

La historia del sobrepeso en Marcela arrancó entre los 13 y los 14 años y no paró durante décadas. “Cuando salía con amigas al centro, a todas le daban tarjetas gratis para los boliches, menos a mi”. Se acuerda de que en esa época intentó varias dietas, pero no las seguía de modo que ninguna le dio los resultados esperados.

“A los pocos días de empezar me estaba comiendo una pizza entera, así que por años pensé que así sería siempre, porque mis padres y mis abuelos también son obesos, todos teníamos muy malos hábitos a la hora de comer”, cuenta Marcela.

Oriunda de Tres de Febrero, su tratamiento se inició en el hospital provincial Ramón Carrillo, donde nació. “Ahí me informaron del programa del Bocalandro y me derivaron”.

“Es un gran desafío, pero hemos consolidado un grupo con profesionales comprometidos y, haciendo uso de todas las estrategias con las que hoy contamos, muchos lo logran y realmente la vida parece dividírseles en un antes y un después de la obesidad”, explicó el ministro de Salud de la Provincia , Alejandro Collia.

En efecto, Marcela comenzó a tratar seriamente su problema en la relación con la comida, en el hospital Bocalandro. Allí, un equipo interdisciplinario formado por nutricionistas, trabajadores sociales, psicólogos, psiquiatras, cirujanos y gastroenterólogos, otros especialistas, atienden y escuchan a los pacientes. A algunos, como Marcela, se les recomienda operarse.

Ella no lo dudó. Pero antes de la cirugía comenzó, con disciplina prusiana, una dieta estricta. Buscaba apoyo en la nutricionista pero también en los otros pacientes que se habían convertido en amigos. Tanto que crearon un grupo de facebook donde postean fotos, frases y consejos “para no irse a la banquina” con la comida.

Antes del quirófano tenía que bajar 14 kilos. “Tenía tantas ganas de dejar de ser obesa que lo logré”, asegura e insiste en aclarar que “igual sola no hubiera podido: todos en el hospital fueron una re ayuda”.

DESPUÉS DEL QUIRÓFANO

Cuando un obeso avanza en el tratamiento lo primero que se nota es la reducción de su volumen corporal. Sin embargo, según Sandra Spatafora, nutricionista del Programa de Cirugías Bariátricas del ministerio de Salud provincial, lo que más importa no es de orden estético y ni siquiera se ve. Se refiere a los valores de hipertensión arterial, glucemia y colesterol que enferman a casi todos los obesos.

Para los médicos una persona es obesa cuando tiene un índice de Masa Corporal (ICM) superior a 30. El número se obtiene de dividir el peso sobre la altura al cuadrado. Los que llegan o superan este nivel tienen mucho más riesgo de morir jóvenes, de sufrir insuficiencia respiratoria, várices, cáncer, infertilidad y afecciones cardiovasculares.

Unos 15 días antes de la operación, los pacientes aptos para hacerse una cirugía bariátrica inician una dieta cien por ciento líquida. Tras la operación quedan internados sólo un par de días. La dieta líquida continúa unos 40 días más y luego se incorporan sólidos.

“La gastrectomía de manga -que es la cirugía a la que se sometió Marcela-, reseca una parte del estómago y reduce su capacidad al 10 por ciento. Esto ayuda a que el paciente sienta saciedad con porciones mucho más chicas”, explica el cirujano Alberto Ferreres, jefe de servicio y parte del equipo del Bocalandro.

Marcela ya lo está comprobando. Dice que le dejaron el estómago del tamaño del de “un chico de seis años”. “Pasé de una pizza entera a una sola porción en la cena y, encima, ahora no paro de tomar agua”, se ríe y hace el gesto de llevarse una botella a la boca. “¿Cómo me va a molestar que se publiquen fotos mías? Estoy feliz, esto es lo que más quería en la vida, así que olvidate, pasame un mail que te mando enseguida”, responde eufórica antes de salir para su trabajo en una fábrica de camisas.

No solo el Bocalandro es sede del programa para tratar la obesidad. También se realiza en los hospitales Gutiérrez y San Martín de La Plata y en El Cruce de Florencio Varela.

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