En San Isidro atienden gratis a pacientes con trastornos de la alimentación

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Un equipo interdisciplinario de profesionales del Hospital Central (Santa Fe 431) contiene a personas con enfermedades como la anorexia y la bulimia. Los especialistas enseñan a identificar síntomas y explican cómo acompañarlos en el tratamiento.

Todos los viernes, a partir de las 12, en el consultorio 35 del Hospital Central de San Isidro (Av. Santa Fe 431) un equipo de nutricionistas, psicólogos, médicos clínicos y psiquiatras atienden gratis a pacientes con trastornos de la alimentación, cuyas enfermedades más frecuentes son la anorexia y la bulimia.

“Los pacientes suelen llegar al consultorio con una restricción importante de alimentos, miedo a la comida y a engordar. Sufren una distorsión de su imagen corporal: están muy flacas pero se ven gordas. Tienen dificultad para reconocer cómo es una porción normal. En el consultorio, trabajamos ese miedo a la comida y cómo combinar los alimentos”, expresa la nutricionista Kira Mountjoy.

Las personas con anorexia por lo general tienen entre 14 y 18 años; en cambio, la bulimia suele presentarse en mujeres adultas, a partir de los 24. “La conducta más habitual es compensar la ingesta de alimentos con vómitos y actividad física en exceso”, amplía la nutricionista.

Mountjoy expone que, si bien son varios los factores que provocan estas enfermedades, uno de los principales es que estas personas relacionan al éxito con la delgadez extrema. Además, la nutricionista alarma sobre el papel que juega la información en Internet y la difusión a través de redes sociales: “Estas herramientas han empeorado esta situación porque, lamentablemente, por ese medio hoy se puede aprender cómo bajar de peso y hasta cómo vomitar”.

La psicóloga Liliana Cantagalli indica que uno de los síntomas más evidentes es el descenso marcado de peso en pocos meses. “Los padres deben estar atentos si sus hijos tienen conductas raras después de comer como levantarse rápido de la mesa para ir al baño”, agrega.

Cantagalli explica que ése es el momento de realizar una entrevista de orientación para, si es necesario, derivar al paciente al especialista que corresponda y que empiece el tratamiento cuanto antes.

“La principal herramienta para salir adelante es la educación alimentaria, tomar conciencia de que la enfermedad puede llevar a la muerte. Los pacientes suelen salir adelante, de a poco incorporan alimentos y suben de peso. Vuelven a compartir la mesa y recuperan lazos sociales”, concluye la nutricionista.

Algunos signos para estar alerta:

– Los padres de adolescentes deben estar atentos a sus comportamientos para detectar a tiempo la enfermedad.

– Si los jóvenes cambian bruscamente de alimentación.

– Si suprimen alimentos por “engordantes”.

– Si dicen que ya comieron en la escuela o con amigos y se niegan a alimentarse en el hogar.

– Si van al baño después de comer.

– Si consumen laxantes y diuréticos.

– Si están pendientes de la balanza.

– Por lo general, están pálidos, no quieren salir y bajan de peso abruptamente.

– En las chicas, la falta de menstruación durante tres meses puede ser síntoma.

– Ejercicio físico de manera compulsiva.

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