JMP en la Diócesis de San Isidro

0
98

En respuesta al llamado de papa Francisco a “tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad”, distintos gestos se realizaron ayer en distintas parroquias de la Diócesis de San Isidro.

Por la mañana la comunidad de la parroquia Santa María del Camino compartió un almuerzo con quienes viven, en situación de calle, en la estación de Boulogne; monseñor Martín Fassi, participó de ese encuentro a través del que se buscó tener un auténtico encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida.

Por la noche, luego de celebrar la misa en la parroquia Nuestra Señora de Aránzazu, monseñor Oscar Ojea, compartió la cena con más de 100 personas, algunas de ellas que viven en situación calle, y otras, que son voluntarias de esa Parroquia.

“La Jornada Mundial de los Pobres, tiene por objetivo dos cosas; por un lado hacer visible la pobreza, llamándonos a la solidaridad, según el lema de la carta de Juan: “No amemos de palabra y con la lengua, sino con obras y de verdad”, expresó monseñor Oscar al comienzo de su homilía: “La segunda finalidad se inscribe en el contexto de la cultura del encuentro; como dijo muy bien el padre Jorge Luis al comenzar, este no es un día de colecta, sino que es un día de encuentro; es un día en el que nos encontramos desde nuestras diversidades.”, agregó luego.

En el marco de la celebración, y previo al lavatorio de pies, monseñor Ojea expresó que: “El Señor, arrodillado, delante de nosotros, lavándonos los pies, nos mira desde abajo. Jesús nos mira desde abajo, porque sabe que si nos mirar desde arriba, nosotros no entenderíamos del todo su mensaje”.

Muchas voces confluyeron ayer en un solo sentimiento: somos uno en el Señor; tenemos las mismas necesidades materiales y espirituales y hay muchos de nuestros hermanos que necesitan subsanar urgentemente sus problemas habitacionales; Brian, un joven que vive en la calle, en San Fernando, y que ayer compartió la cena en Aránzazu quiso dar testimonio de esta situación

Papa Francisco nos anima a comprometernos para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo, y a escuchar este fuerte llamamiento, para estar cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda.

SIN COMENTARIOS