Suicidio adolescente, una tragedia que afecta toda la comunidad

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Con frecuencia nos preguntan a quienes trabajamos en el ámbito de la salud o de las políticas sociales cuáles son las situaciones que nos generan más angustia y preocupación. En nuestro caso en particular la respuesta es contundente, nos preocupa la falta de perspectivas y de proyecto de vida de nuestros jóvenes, que en materia sanitaria se traduce en anomia, problemas de adicciones y, como nunca antes ocurrió en la historia, en un aumento dramático de la tasa de casos de autolesiones y suicidio adolescente. Una combinación de factores producidos por el deterioro de la economía y de la pérdida del entramado social y familiar deja a miles de vecinos de entre 15 y 24 años fuera del sistema laboral, educativo y afectivo. Es en estos tres últimos ejes en los que los gobiernos en conjunto con la sociedad civil debemos prestar mayor atención. Con una tasa de desempleo por encima del 40%, con acceso restringido a la educación y sin espacios de contención donde los jóvenes puedan sentirse contenidos resulta difícil la construcción de un proyecto individual y colectivo. Es ahí donde debemos trabajar.

Este contexto desolador que describimos tuvo en los últimos años un triste correlato que puede ser fácilmente explicado a través de estadísticas. Argentina ya se ubica en tercer lugar entre los países de la región en cuanto su tasa de suicidios, con 14,2 muertes por cada 100.000 habitantes  y está entre las naciones con mayores tasas a nivel mundial de acuerdo con el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El sector de la población con mayor tasa de suicidio es el de jóvenes, sobre todo los que tienen entre 15 y 24 años. Es la segunda causa de muerte en esa franja etaria. Es menester adicionar un dato que complejiza aún más la situación, por cada suicidio concretado existen 20 intentos que afortunadamente no llegan a destino. Y se producen en adolescentes cada vez más jóvenes.

La comunidad educativa, las organizaciones sociales, las entidades religiosas, el Estado, las familias y la comunidad en general debemos intervenir en esta cuestión. Ya. No tenemos margen.

Habiendo advertido sobre lo creciente de este fenómeno comenzamos a problematizar el abordaje de la prevención y  de la creación de dispositivos de atención en casos de amenaza de suicidio en la adolescencia. Existen diferentes miradas y posiciones que complejizan la forma de intervenir. Hay posturas que alertan sobre un posible efecto contagio si el suicidio fuera puesto en la agenda pública, otras corrientes aseguran que la única forma de prevenir es hablando. Julio Zamora junto a su equipo optó por esta última. Para solucionar un problema primero hay que asumirlo.

Queda claro entonces que el abordaje requiere de una intervención en dos tiempos, uno de mediano y largo plazo, ayudar bajo una visión multidimensional a que los adolescentes tengan un proyecto de vida. Para ello debemos crear las mejores condiciones de vida posibles en una ciudad más igualitaria. Por el otro hacernos presentes en el corto plazo, ahora.

En este sentido el objetivo principal de la primera etapa es generar herramientas para que los adultos logren identificar las señales de alarma, contener y acompañar a los jóvenes, siempre consolidando la idea de que el suicidio se puede prevenir. En la segunda etapa, la campaña apuntará directamente al adolescente, para que sepa identificar el problema y pueda buscar ayuda en un par, en un familiar, en un profesor, a través de la promoción de actividades educativas, culturales y deportivas y generando espacios de contención en red.

Cada nuevo intento de suicidio de un adolescente será vivido por todos nosotros como una tragedia para nuestra comunidad. No lo permitamos. Prevengamos. Ahora.

Gonzalo Meschengieser

Secretario de Política Sanitaria y Desarrollo Humano - Municipio de Tigre

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