Tips para bajar de peso: desayunar abundante, evitar la “picadita” y cenar liviano

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Expertos en nutrición del país y el mundo se reunieron convocados por la Provincia de Buenos Aires. Explicaron por qué tendemos a engordar, ofrecieron consejos prácticos y pidieron a los padres que dediquen tiempo a educar a los chicos en nutrición saludable para prevenir una generación de obesos.

Desayunar mejor, cenar más temprano, comer de todo en raciones moderadas y educar para alimentarse. En estos cuatro consejos coincidieron todos los expertos que participaron entre el martes y miércoles de la Cumbre de Alimentos del ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, que reunió a más de 1.500 asistentes en el Campus de la Universidad Católica Argentina.

Las encuestas nacionales de factores de riesgo advierten que casi el 20 por ciento de la población sufre obesidad, el 55 por ciento no realiza actividades físicas con frecuencia, el 9 por ciento es diabético y más del 29 por ciento tiene altos niveles de colesterol.

El experto brasileño en nutrición, Hugo Ribeiro, aún no ve la luz al final del camino. Dice que la tendencia al sobrepeso, tal como estamos viviendo, se va a acentuar. Y que en todo el mundo pasa lo mismo, hay más obesidad que desnutrición, a la inversa de lo que ocurría hace solo un par de décadas.

“Creo que tendrá que pasar una generación entera para que esto empiece a frenarse y bajar”, nos desalienta este profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Bahía, experto en alimentación y pediatría. Para él, la tendencia se explica por herencia y genética: “Somos hijos de antepasados que han soportado fases de mucha hambre. Por eso, tenemos fenotipos ahorrativos: estamos programados para pasar hambre pero somos muy vulnerables a los excesos y esto se ve en la cantidad de obesos que estamos teniendo a nivel global”.

Pero para Ribeiro la solución no consiste en eliminar alimentos de la dieta. Incluso opina que la demonización de ciertos productos alimenticios como los dulces, los snacks o los embutidos no ayuda. Los seres humanos necesitamos comer de la forma más diversificada posible, porque toda vez que eliminamos algún alimento tenemos más riesgos de perder o sufrir un déficit de algún tipo de nutriente. Pero dice que la palabra mágica es “moderación”. De todo pero en su justa medida.

COSTUMBRES ARGENTINAS

Si en algo acordaron todos los expertos reunidos en la Cumbre de Alimentos es en que los argentinos desayunamos mal. Unos mates, una infusión bebida y a arrancar el día. Error.

“Hay que ingerir frutas, lácteos e hidratos de carbono de lo contrario aparecerá cansancio a lo largo de la mañana, mucho hambre al mediodía”, explicó Mónica López, titular de la Oficina de Alimentos del ministerio de Salud y organizadora de la Cumbre.

Cenar demasiado tarde es, para la experta, otro de los problemas nutricionales de los argentinos. Llegamos a casa cuando cae el sol y, a eso de las 8, nos tomamos unos mates, unos bizcochos o hacemos una picadita. Al rato: ¡A comeeer! “Y nos vamos a dormir enseguida: esto dificulta la digestión, produce pesadez y consumimos una energía al final del día que no vamos a gastar”, advierte López. El secreto para sostener una dieta más saludable, sugiere, consistiría en desayunar más abundante y, a la noche, hacer una comida liviana más temprano.

EDUCACIÓN ALIMENTARIA

Educar lleva tiempo y energía. En todos los órdenes. Pero vivimos a mil. La preparación de los alimentos como los hacía la abuela y la reunión familiar alrededor de la mesa parecen ser cosa del pasado.

“A mi no me pueden faltar las salchichas, a mi hijo es casi lo único que le gusta. Le pregunto ¿Qué querés comer? Salchicha, salchicha y salchicha”. La frase es de un programa de televisión. La psicopedagoga y especialista en educación del gusto María Di Scala, otra de las disertantes en la Cumbre, la mostró en su ponencia para ejemplificar lo que ocurre en buena parte de los hogares.

El apuro y la comodidad nos hace recaer en el mismo menú decenas de veces cuando lo ideal es fomentar una dieta variada. Di Scala insiste con un juego de palabras: “No comemos los alimentos porque nos gustan, nos gustan porque los comemos”. Si a un chico no le ofrecemos variedad, no lo educamos para que sepa elegir variado y sano, difícilmente podremos ayudarlo a crecer sano.

Para la educación alimentaria la familia es fundante, pero la escuela debe colaborar. Claudia Guzman, disertante, ingeniera en industrias alimentarias y referente del ministerio de la producción de Santiago del Estero, está convencida de que poner un kiosco en el patio con productos saludables no alcanza.

“Los kioscos no son un fin en sí mismo, requieren de la educación del niño, porque debe haber coherencia entre el kiosco, lo que el chico observa en la casa y lo que aprende en el aula”, dice y propone que la educación alimentaria sea una materia desde el nivel inicial, “un proceso lento, progresivo, sistemático y contextualizado, que permita que los chicos transfieran ese conocimiento a sus padres”.

Finalmente, a los tips nutricionales habrá que sumarle movimiento. Pero para el brasileño Ribeiro no sirve ir al gimnasio para ponerse la bikini unos meses antes del verano. Eso es pan para hoy y hambre para mañana. Por eso concluyó que “la actividad física que funciona es la de los cambios en la rutina: usar la escalera en lugar del ascensor, caminar en lugar de tomar el colectivo, esos pequeños cambios del día a día son más efectivos que meterse en un gimnasio para el verano y después volver al sedentarismo”.

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