Uno de cada 88 chicos puede padecer algún Trastorno del Espectro Autista

La Provincia trabaja en fortalecer la red entre padres, salud y educación. Y ya lleva capacitadas a más de 6.000 personas. La detección temprana es clave para lograr una mejor inserción social.

El camino transitado hasta llegar a un diagnóstico que indique un Trastorno del Espectro Autista (TEA) suele ser largo y frustrante para el niño y sus padres. Por eso, el ministro de Salud de la Provincia, Alejandro Collia, abrió una jornada de capacitación en el teatro Auditórium de Mar del Plata que reúne a casi mil participantes, entre médicos, docentes y padres.

El ministerio de Salud de la Provincia ya lleva capacitados en detección temprana a más de 6 mil médicos y docentes, y ahora prepara una guía para que sea más fácil reconocer las primeras señales. Un tratamiento prematuro favorece las posibilidades de inclusión, la independencia y mejora notablemente el rendimiento intelectual.

“Trabajamos en fortalecer una red entre la familia, la salud y la educación, tres aspectos fundamentales en la vida de un niño”, dijo el titular de la cartera sanitaria, Alejandro Collia. “Por eso, realizamos estas capacitaciones destinadas a las personas más presentes en la primera infancia”, continuó.

La nueva jornada de capacitación es organizada por el Programa sobre Trastornos del Espectro Autista (TEA) de la cartera sanitaria y la Asociación Asperger Mar del Plata, y se extenderá hasta mañana jueves, en el Teatro Auditórium, donde disertarán diversos profesionales con experiencia en la temática.

Los Trastornos del Espectro Autista en orden de frecuencia son el Autismo propiamente dicho, el Síndrome de Asperger, los Trastornos Desintegrativos de la Infancia (TDI) y el menos común Síndrome de Rett -que afecta a 1 de cada 10 mil niñas-, entre otros.

Aunque el diagnóstico temprano aún es poco frecuente, el director del programa sobre TEA, Juan Carlos Peuchot, explicó hoy que las primeras señales suelen aparecer alrededor de los 18 meses y, si bien cada uno tiene una serie de características particulares, comprenden la triada: problemas de integración social y en el lenguaje, conductas repetitivas e intereses restringidos.

“Es importante que los padres estén atentos a los síntomas, ya que en el 35 por ciento de los casos son ellos los primeros en detectarlos”, agregó Peuchot, quien además se desempeña como jefe del Servicio de Pediatría del hospital Eva Perón de San Martín.

Atentos a las primeras señales

La nueva guía que el ministerio de Salud elabora para padres, maestros y pediatras de atención primaria advierte sobre las señales que necesariamente deben derivar en una consulta. El lenguaje repetitivo y poco funcional es quizás uno de los más comunes. Los intereses restringidos a determinadas temáticas combinadas con una comunicación sin interacción con pares y adultos, también son para prestar atención.

“Si bien no todos los niños son iguales ni muestran los mismos signos, otra señal que se manifiesta a menudo es el uso inapropiado de juguetes. Hay una ausencia del juego simbólico e imaginativo”, señaló Peuchot. Y agregó: “En ocasiones los padres asocian algunas de estas conductas con una personalidad tímida y no consultan. Sin embargo, los docentes suelen advertirlo rápidamente porque los chicos con TEA, además, suelen tener baja tolerancia al cambio de rutina y de actividades”.

A estos comportamientos pueden sumarse la dificultad para mantener la mirada y el rechazo al contacto físico y la no respuesta a órdenes o cuando se lo llama, conductas que en un principio llegan a confundirse con la hipoacusia.

No a una escuela especial: el caso de Mariano

Según advirtió el especialista, los chicos con TEA no tienen que ir a una escuela especial porque no corresponde a estos cuadros, e incluso puede ser motivo de involución. “Para estimularlos y trabajar en sus potencialidades es necesario que tengan una educación convencional, acompañados por una maestra integradora”, explicó Peuchot.

La experiencia indica que es altamente probable que estos chicos sean adultos con habilidades para desempeñarse en algún trabajo y que desarrollen la capacidad de relacionarse, de tener amigos y hasta de formar una familia.

El caso de Mariano es uno de los tantos ejemplos que sostienen el éxito de este tipo de tratamientos. Cuando tenía 6 años, cuenta Peuchot, este chico con Síndrome de Rabinow ingresó a una escuela especial de la localidad de Villa Ballester, y al mismo tiempo comenzó a atenderse en el hospital provincial Eva Perón de San Martín.

“Más allá de las características del síndrome de Rabinow en lo que respecta a lo físico -macrocefalia, acortamiento de extremidades y anomalías en el rostro-, Mariano tenía un lenguaje muy limitado y serias dificultades para relacionarse. Lo primero que hicimos con el equipo fue interceder para que los padres lo sacaran de esa escuela y pudieran ingresarlo a una de educación convencional”.

Luego de esas gestiones, Mariano empezó a asistir a un nuevo colegio con el acompañamiento de una maestra integradora y siguió el tratamiento con un equipo interdisciplinario en el hospital San Martín. Y así completó la escolaridad con una especialización en informática.

“Hoy Mariano tiene 26 años y es un talentoso bailarín de folklore. Consiguió trabajo, tiene amigos y se desempeña en sus tareas con normalidad”, aseguró el titular del Programa sobre TEA.

El síndrome de los chicos inteligentes

El Síndrome de Asperger fue descrito por primera vez en 1944 por el pediatra austriaco Hans Asperger en el año 1944. Y aunque poco tiene que ver con el Autismo, hoy está reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un Trastorno del Espectro Autista. Según los especialistas afecta a entre el 2 y el 5 por mil de la población, aunque muchos aún no fueron diagnosticados.

Las dificultades para interactuar, las conductas repetitivas y los intereses restringidos, son las características salientes de estos nenes, que suelen contar con un coeficiente intelectual mayor a la media. Y si bien a diferencia de otros trastornos del grupo, los chicos con Asperger desarrollan un lenguaje de mucha riqueza, efectúan prolongados monólogos y tienen problemas para mantener una conversación.

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