Aneurisma de aorta: cómo ponerle un freno a una patología silenciosa que puede ser mortal

Es la causa del 5% de los casos de muerte súbita. Se produce por la hinchazón del mayor vaso sanguíneo del organismo y es muy peligrosa si deriva en una ruptura. El tabaquismo y la presión arterial alta son los principales factores de riesgo. Cómo se detecta y las opciones para tratarlo.

La arteria aorta es el vaso sanguíneo más grande que tiene nuestro cuerpo: se extiende del tórax al abdomen y es la encargada de llevar sangre oxigenada desde la cabeza hasta los pies. Cuando estos canales del organismo se debilitan, empiezan a hincharse como si se tratara de un globo y se puede generar un agrandamiento anormal que se denomina aneurisma. Si no es tratada a tiempo, esta patología puede ser mortal. De hecho, fue la causa del reciente fallecimiento del periodista estadounidense Grant Wahl mientras cubría el Mundial de Qatar 2022.

Los aneurismas de aorta pueden tener diferentes localizaciones según la región anatómica que comprometan. Hay que destacar que la arteria es la misma, pero va cambiando de nombre según el trayecto. Para simplificarlo, lo vamos a dividir en dos regiones: aneurismas de aorta torácica y aneurismas de aorta abdominal”, explica el doctor Ignacio De Luca (M.N 116.468), jefe del Servicio de Cirugía Vascular y Endovascular del ICBA Instituto Cardiovascular.

El experto detalla que la aorta puede variar en diámetros y longitudes según las características morfológicas de cada persona, por lo que los agrandamientos deben ser evaluados por un especialista en cirugía vascular para realizar un correcto seguimiento. Como parámetro, “se entiende por aneurisma de una arteria cuando el diámetro es mayor al 50% de su valor normal”.

Una enfermedad silenciosa que se puede prevenir

Uno de los obstáculos para la detección de un aneurisma de aorta es que tiene una evolución asintomática, por lo que crece en forma silenciosa. En aquellos casos que no es diagnosticado a tiempo, puede avanzar hasta la ruptura de la pared y provocar un cuadro grave. De hecho, es la causa del 5% de los casos de muerte súbita.

¿Cómo se diagnostica? En la población general, estas patologías se encuentran como un hallazgo por estudios de otros órganos. “En el siglo XXI, esta es una enfermedad prevenible cuando uno realiza el screening correspondiente, así como el ya instaurado para el cáncer de mama o próstata entre otros”, explica el doctor De Luca, quien dirige el servicio del ICBA encargado de hacer el seguimiento de esta enfermedad silente para instaurar un tratamiento médico temprano.

El screening se realiza en hombres mayores de 65 años con antecedentes de tabaquismo o hipertensión arterial como dos de sus causantes, pero también se presenta en edades más tempranas cuando tienen antecedentes familiares (padre o madre con aneurismas). El aneurisma de aorta tiene una prevalencia en hombres del 4% al 8% y el 1% en mujeres -varía según el origen étnico- y el crecimiento es de 1 a 6 mm por año dependiendo de las modificaciones de los factores de riesgo y ambientales”, agrega el especialista.

En casos de que el aneurisma sea sintomático porque aumentó el diámetro de la arteria, se manifiesta con un dolor abdominal atípico que puede extenderse o no hacia la espalda o lumbar. “Para diagnosticarlo, se utilizan técnicas de imágenes no invasivas como el eco Doppler de aorta abdominal que nos informa la longitud, el diámetro y compromiso de otras estructuras, así como las velocidades del flujo sanguíneo, la presencia de trombos y la presencia de líquido en la cavidad (tórax, intraperitoneal o retroperitoneal dependiendo de la ubicación de la ruptura que en este caso sería sangre)”, detalla De Luca.

Otros síntomas que pueden aparecer son náuseas y vómitos, rigidez anormal en los músculos abdominales e hinchazón o abultamiento en un área del abdomen. Si bien aún no se conocen cuáles son las causas que provocan estos cuadros, los factores que aumentan el riesgo son la presión arterial alta, el tabaquismo y el enfisema.  

Las formas de tratamiento

El caso de periodista Grant Wahl en plena Copa del Mundo causó conmoción, pero no es el único caso conocido. De hecho, una de las mayores personalidades de la ciencia murió a causa de esta patología: Albert Einstein. En abril de 1955, el famoso físico falleció a los 76 años luego de que se le produjera la ruptura de un aneurisma de aorta que le había sido diagnosticado años antes.

En la actualidad hay opciones que son muy aceptables para cambiar el pronóstico de un aneurisma de aorta en el caso de que mediante el seguimiento clínico o el hallazgo incidental se encuentre dentro de los diámetros de tratamiento y requiera una corrección de la evolución natural de la enfermedad”, explica el doctor De Luca y detalla que la ruptura tiene una mortalidad de 85-90%, mientras que si se opta por una corrección quirúrgica o endovascular el riesgo es del 3%.

El tratamiento quirúrgico convencional -de elección para pacientes menores de 60 años o con antecedentes de enfermedades del tejido conectivo- es un bypass, que se desarrolla a través una incisión en el abdomen o lumbar a través de la cual reemplaza el sector dilatado por una prótesis.

Otra técnica -que es la que hoy más se utiliza en el ICBA- es el tratamiento endovascular del aneurisma que se realiza con un acceso a través de las arterias femorales en la ingle y se excluye el aneurisma con una endoprótesis (dispositivo similar a un stent). Tiene un post-operatorio más corto, con alta temprana menor a 24 horas, pero con mayores controles en el tiempo. Ambas técnicas son de manejo habitual con resultados más que favorables para los pacientes por el alto flujo de tratamientos realizados”, sostiene De Luca, quien trabaja en un equipo integrado por médicos cardiólogos especialistas en imágenes y cirujanos vasculares y endovasculares.

En conclusión, es una patología mortal si no se diagnostica pero que es prevenible mediante la corrección de factores de riesgo, pero para ello tenemos que llegar a diagnosticarlo mediante estudios no invasivos como un eco Doppler. Podemos cambiar la evolución natural de la enfermedad mediante técnicas mínimamente invasivas si es necesario como consecuencia de los diámetros que presente o el riesgo de ruptura”, concluye.

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