Panaderías bonaerenses certifican reducción de sal en panificados

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La disminución no modifica el sabor de los panificados y ayuda a bajar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El ministerio de Salud provincial capacita a panaderos en forma gratuita y luego verifica que cumplan con el compromiso acordado. Advierten sobre la sal “oculta” en alimentos industrializados.

Salar antes de probar los alimentos es una mala costumbre, sobre todo para las arterias. Pero con eliminar el salero de la mesa no alcanza. Sucede que el 70 por ciento de la sal que consumimos proviene de alimentos procesados, como galletitas, snacks, chacinados, aderezos y, sobre todo, panificados. Es por eso que el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, a través de un programa nacional, convocó a las panaderías a reducir un 25% el uso de sal en el pan y, en menos de un año, ya se adhirieron más de 60.

“Hoy sabemos muy bien que el consumo de sal está directamente relacionado con la hipertensión arterial, el principal factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares y renales”, afirmó el ministro de Salud de Scioli, Alejandro Collia. Y agregó: “Es importante que la prevención empiece por casa: hay que reducir la ingesta diaria de sal y prestar atención al rotulado de los productos que forman parte de nuestra alimentación cotidiana”.

La iniciativa sanitaria busca que las panaderías se sumen al programa “Menos sal, más vida” de manera voluntaria, a fin de contribuir a la salud pública.

A quienes eligen comprometerse con la reducción de sal, la Oficina de Alimentos del ministerio de Salud de la Provincia les ofrece una capacitación gratuita en buenas prácticas de manufactura, para que los trabajadores de esos establecimientos aprendan la correcta manipulación de los alimentos y las cantidades justas de sal. Al mismo tiempo, se les otorga una certificación al local por su adherencia que queda plasmado en el local para que la gente sepa que es una panadería saludable adherida al programa.

“Nuestros auditores se encargan además de verificar que las instalaciones de las panaderías se encuentren en las condiciones de higiene y seguridad que figuran en el Código Alimentario y, después, se realiza una toma de muestra de los panificados que se analiza en el Instituto Biológico Tomás Perón, para certificar que realmente se haya disminuido la cantidad de sal agregada”, explicó la directora de la Oficina de Alimentos, Mónica López.

Menos sal, el mismo sabor 

Asimismo, a las panaderías que se suman al programa se les entrega una jarra medidora que permite incorporar la cantidad de sal sugerida en la bolsa de harina de 50 kilos, sin modificar el sabor de los panes.

“Con la reducción del 25 por ciento de sal, el sabor continúa siendo el mismo, pero se gana en beneficios para la salud de toda la comunidad, ya que el pan es un alimento muy popular entre los argentinos”, señaló López.

Los datos de la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo indican que la presión arterial elevada afecta al 34 por ciento de la población y, a nivel mundial, se estima que está vinculada con el 13 por ciento de las muertes. No obstante, también hay buenas noticias: el consumo de sal entre los argentinos bajó dos gramos desde 2011, según la información difundida por la cartera sanitaria nacional.

La preocupación de las autoridades sanitarias al respecto se desprende de la advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que señaló que los países de América aún consumen grandes cantidades de sal y, en la mayoría de los casos, superan ampliamente el promedio de ingesta diaria aconsejada, que es de 5 gramos.

En tanto, de acuerdo a estos organismos internacionales, las personas que consumen más de esa cantidad al día (equivalentes a dos gramos de sodio) tienen mayor riesgo de tener presión arterial alta.

Como parte de las acciones que lleva adelante el ministerio de Salud de la Provincia, Collia se reunió ayer con representantes de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL). El ministro propuso trabajar en una agenda conjunta, no sólo para la reducción del consumo de sal, sino también para promover la disminución en la ingesta de alimentos con gran contenido de azúcar, una propuesta que también ha sugerido la OMS para dar batalla a la epidemia de la obesidad.

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