Mensaje pascual de Monseñor Ojea

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¡Felices Pascuas!

Decir “Felices Pascuas” es decir: “Yo quiero que vivas la experiencia del amor de Dios; te transmito mi experiencia de haber sido amado por Dios y querría que la vivieras”.

Nuestra Fe es Fe en este amor que ha resucitado a Jesús, sin ello nuestra Fe es vana. El amor ha vencido a la muerte, el amor es más fuerte que la muerte.

Un día un joven me dijo: “Me impresiona ver a Jesús sufrir; me impresiona el crucifijo, no me gustan las iglesias que expresan tanto dolor”. Me pareció importante esto que me dijo el joven porque en realidad, en nuestra Catequesis, en nuestra Pastoral, en nuestra predicación la Iglesia tiene que mostrar de todo eso, el profundo amor de Jesús, más que el dolor es el amor. El dolor ha sido un camino para que el amor fuera expresado.

Cuando se ha amado de verdad, cuando se ha tenido una experiencia honda de amor y parte un ser querido, uno sabe que el amor no puede morir, uno tiene esa experiencia de que el Ser que ha partido queda en el corazón, y sabe que no puede morir. No puede perderse todo ese caudal de vida, esa historia, todo lo que se ha puesto allí, todo lo que se ha soñado, lo que se ha trabajado, lo que se ha caminado. Hay algo en el fondo del corazón que nos dice: “No es que el amor no muera, es que no puede morir”.

Esta intuición humana se hace realidad en la muerte y en la resurrección de Jesucristo.

El amor de Jesús vence al pecado y a la muerte. El amor es la fuerza más grande del mundo; capaz de cambiarlo, es capaz de cambiar un corazón, cambiar una actitud y también es capaz de provocar transformaciones físicas que nos sorprenden. El amor es capaz de cambiar la atmósfera de una Sociedad; el amor es capaz de cambiar a la Justicia, de mover a las obras de Misericordia. El amor es capaz de sacarnos de la indiferencia, de la dureza de corazón para crear una sociedad nueva, un mundo nuevo.

En la Pascua nosotros renovamos nuestra Fe en el amor de Jesús que venció para siempre al pecado y a la muerte, y que quiso dejarnos a nosotros este testimonio, para que nosotros también, cristianos resucitados y luminosos, podamos dar testimonio de este amor de Jesús.

¡Felices Pascuas! ¡Qué puedas experimentar que Dios te quiere; que sos único para Él, que sos precioso a sus ojos! Él te ha regalado una familia, una comunidad, para que puedas vivir tu vocación,  tu misión, aquello que es propiamente tuyo en esta vida, y para que puedas hacerlo apasionadamente y ser feliz en hacerlo.

El Señor te ama profundamente y te ha rescatado, te ha liberado, ha podido tocar tu herida, entrar en ese lugar y con sus heridas te ha curado, como dice el apóstol San Pedro. Somos sanados y liberados por ese amor. ¡Qué podamos transmitirlo, lo mejor que podemos, así podremos crear juntos una Sociedad nueva que cree en el amor y que ha sido transformada por Él!

¡Felices Pascuas! ¡Qué puedas experimentar en tu vida el amor de Jesús que ha vencido para siempre al pecado y a la muerte!

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