Contar con información sobre los intentos de suicidio permite dimensionar la problemática, identificar los grupos más afectados y orientar estrategias de prevención y cuidado. Una investigación desarrollada en La Rioja pone el foco en otro aspecto clave: qué sucede entre la detección de una situación y su registro y notificación dentro del sistema de salud.
Cada 10 de septiembre, el Día Mundial para la Prevención del Suicidio invita a poner en agenda una problemática compleja que atraviesa a personas, familias, comunidades e instituciones. Prevenir requiere hablar, escuchar, acompañar y construir redes de cuidado. Pero también requiere contar con sistemas capaces de detectar las situaciones de riesgo, registrarlas y dar respuestas oportunas y sostenidas.
En Argentina, la incorporación del intento de suicidio como Evento de Notificación Obligatoria permitió avanzar en la construcción de información sobre una problemática históricamente subregistrada. Entre abril de 2023 y octubre de 2025 se notificaron 22.249 eventos de intento de suicidio, según el Boletín Epidemiológico Nacional N.º 788 del Ministerio de Salud de la Nación. El 95 % correspondió a intentos sin resultado mortal y el 5 % a eventos con resultado mortal.
Los datos muestran, además, diferencias que requieren especial atención: el 61 % de los eventos notificados correspondió a mujeres; sin embargo, la letalidad fue cinco veces mayor entre los varones. En relación con la edad, las tasas más elevadas se concentraron en adolescentes y jóvenes: 124 casos cada 100.000 habitantes entre los 15 y 19 años y 114 cada 100.000 entre los 20 y 24 años. Entre los 15 y 19 años, las mujeres presentaron las tasas más elevadas de todos los grupos de edad y sexo analizados.
Estas cifras, sin embargo, deben interpretarse con cautela. El propio Boletín advierte que el crecimiento de las notificaciones puede estar relacionado con la progresiva ampliación y consolidación del sistema de vigilancia y no necesariamente con un incremento real de los intentos de suicidio.
Desde el 1 de abril de 2023, el intento de suicidio es un Evento de Notificación Obligatoria al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS 2.0). A medida que más jurisdicciones y establecimientos incorporan la notificación, aumenta también la capacidad del sistema para detectar y registrar una problemática históricamente subregistrada.
Esta distinción resulta fundamental: más registros no significan necesariamente más intentos; también pueden significar mayor capacidad para ver aquello que antes permanecía invisible.
Registrar también es cuidar
La importancia del registro adquiere una dimensión particular cuando dejamos de considerarlo como una tarea exclusivamente administrativa y comenzamos a pensarlo como parte del proceso de cuidado.
Entre una situación de intento de suicidio y su incorporación a las estadísticas existen distintos procesos: debe ser reconocida, detectada, registrada y notificada. Cuando alguno de estos eslabones se debilita, una parte de la problemática puede quedar fuera de los sistemas de información y permanecer menos visible.
“En mi investigación doctoral sobre el intento de suicidio en adolescentes observé que las prácticas de registro y notificación no dependen únicamente del conocimiento técnico o de la existencia de protocolos. También están atravesadas por la forma en que los profesionales comprenden estas situaciones, por el significado que le atribuyen al registro y por las condiciones institucionales en las que desarrollan su trabajo”, explica Viviana Stirnemann, licenciada en Psicología, vicedirectora de la Licenciatura en Psicología de Fundación Barceló y doctoranda en Ciencias de la Salud.
Entre los hallazgos, la investigación permitió identificar un predominio de representaciones que comprenden el intento de suicidio adolescente como una expresión de sufrimiento psicosocial y un pedido de ayuda, antes que como manifestación exclusiva de una enfermedad mental. En estas comprensiones aparecen los vínculos familiares, las trayectorias de vulnerabilidad, las desigualdades sociales y las condiciones de vida, aunque también coexisten perspectivas más centradas en explicaciones diagnósticas e individuales.
De la información a la respuesta institucional
Los problemas sanitarios no se convierten automáticamente en prioridades de la agenda pública por el solo hecho de existir. Para poder intervenir sobre ellos es necesario también conocerlos, dimensionarlos y hacerlos visibles.
El registro epidemiológico permite producir información acerca de qué está ocurriendo, en qué grupos y territorios, y contribuye a identificar necesidades y brechas en las respuestas institucionales. El propio Boletín Epidemiológico Nacional destaca que el aumento de actores notificantes incrementa la sensibilidad del sistema y contribuye a otorgar mayor visibilidad a un problema históricamente subregistrado. Asimismo, señala que consolidar la vigilancia constituye un insumo estratégico para orientar intervenciones de prevención y cuidado, mejorar los circuitos asistenciales y monitorear las respuestas institucionales.
Pero contar con información es solo un primer paso. Transformarla en prevención requiere también fortalecer los circuitos de atención, seguimiento y articulación dentro del sistema de salud.
A partir de esta base de información, los hallazgos de la investigación desarrollada en La Rioja plantean la necesidad de avanzar en criterios institucionales compartidos, mejorar los circuitos de registro y seguimiento, consolidar la articulación entre niveles de atención y fortalecer el trabajo interdisciplinario, intersectorial y comunitario. El primer nivel de atención resulta especialmente relevante en este proceso: por su proximidad con las personas, las familias y las comunidades, es un ámbito clave para la detección temprana, el acompañamiento sostenido y la construcción de redes de cuidado.
“La palabra necesita ser escuchada, pero también necesita encontrar instituciones capaces de alojarla, registrarla y transformarla en cuidado”, sostiene Stirnemann.
Registrar no significa reducir una experiencia humana a una cifra. Significa también construir las condiciones para que aquello que sucede pueda ser reconocido colectivamente, adquiera visibilidad en los sistemas de salud y se transforme en información capaz de orientar decisiones, recursos y políticas públicas.
En este 10 de septiembre, el desafío es avanzar de la visibilización hacia la acción: escuchar, registrar, comprender y cuidar.
Porque detrás de cada registro existe una persona, una historia, vínculos y una oportunidad de intervenir.
Hacer visible también es prevenir.
Acerca de Fundación Barceló
La Fundación Barceló es una institución privada de educación superior universitaria con más de 50 años de trayectoria. Con sedes estratégicamente ubicadas en la Ciudad Buenos Aires, La Rioja y Santo Tomé (Corrientes), ofrece carreras de grado y posgrado aprobadas por el Ministerio de Educación y acreditadas por la CONEAU, además de programas de formación continua.
Su enfoque académico combina excelencia científica, innovación y compromiso social, brindando a los estudiantes una formación integral. A través de convenios con universidades y organizaciones líderes, tanto en Argentina como en otros países, promueve el intercambio académico y la inserción profesional en un contexto global.
En constante expansión, la Fundación Barceló refuerza su rol en la docencia, la investigación y la vinculación con la comunidad, consolidándose como un referente en la educación superior.




























