La actividad física regular puede reducir la presión arterial y potenciar el efecto del tratamiento farmacológico. La Federación Argentina de Cardiología destaca que alcanzar 150 minutos semanales de ejercicio es una de las medidas más eficaces para prevenir y controlar la hipertensión.
Cada 14 de septiembre se conmemora en la Argentina el Día del Hipertenso. La fecha remite a 140/90 mmHg, cifras a partir de las cuales se establece el diagnóstico de hipertensión arterial en el consultorio. Se trata de una enfermedad crónica y controlable que afecta a más de un tercio de la población adulta y constituye uno de los principales factores de riesgo de infarto, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal.
La hipertensión suele avanzar sin síntomas. Por eso, conocer los valores de presión, realizar controles periódicos y sostener el tratamiento indicado son pasos fundamentales. Pero el manejo no termina en el consultorio ni se limita a la medicación: los hábitos cotidianos también forman parte del tratamiento.
“La actividad física tiene una indicación de máxima relevancia dentro del tratamiento no farmacológico de la hipertensión. No es un consejo accesorio: ayuda a disminuir la presión, mejora el riesgo cardiovascular global y, cuando se combina con la medicación indicada, puede lograr un beneficio mayor que el tratamiento farmacológico por sí solo”, señala la Dra. Marcela Tripolone (MP 1792), cardióloga y presidenta del Comité de Hipertensión Arterial de la Federación Argentina de Cardiología (FAC).
Ciento cincuenta minutos que pueden hacer la diferencia
El Consenso Argentino de Hipertensión Arterial 2025, elaborado en conjunto por la Federación Argentina de Cardiología, la Sociedad Argentina de Cardiología y la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial, considera la actividad física diaria y el ejercicio regular como medidas fundamentales para prevenir y controlar la hipertensión arterial.
La evidencia reunida en el documento muestra una relación entre la cantidad de ejercicio aeróbico semanal y el descenso de la presión. El mayor beneficio se observó al alcanzar 150 minutos por semana, con reducciones promedio cercanas a 7 mmHg en la presión sistólica y 5 mmHg en la diastólica. En personas con hipertensión establecida, algunos programas de entrenamiento lograron descensos de hasta 8,3/5,2 mmHg en la presión medida en el consultorio.
“No hace falta convertirse en atleta ni hacer los 150 minutos de una vez. Se pueden distribuir durante la semana y comenzar con períodos breves. Caminar a paso activo, andar en bicicleta, nadar o bailar son opciones aeróbicas válidas. Lo importante es elegir una actividad posible, progresar de manera gradual y sostenerla en el tiempo”, explica la Dra. Joana Morán (MP 37836), cardióloga y miembro del Comité de Hipertensión Arterial de la FAC.
Combinar movimiento aeróbico y ejercicios de fuerza
El ejercicio aeróbico es una herramienta central, pero no es la única. El consenso también reconoce los beneficios del entrenamiento de fuerza dinámica y de los ejercicios isométricos. Una estrategia completa puede combinar caminatas u otras actividades aeróbicas con ejercicios de fuerza adaptados a la edad, la condición física y las enfermedades de cada persona.
Para empezar, se puede sumar movimiento a la rutina diaria: caminar trayectos cortos, usar escaleras cuando sea posible, interrumpir los períodos prolongados de estar sentado y reservar momentos concretos de la semana para hacer ejercicio. Cada minuto cuenta, aunque el objetivo sea avanzar progresivamente hasta completar al menos 150 minutos semanales.
“La mejor actividad física es la que se puede mantener. Las metas deben ser realistas y personalizadas. En personas sedentarias, comenzar con diez o quince minutos y aumentarlos de forma gradual puede ser mucho más efectivo que indicar un plan perfecto que luego resulte imposible de sostener”, agrega la Dra. Morán.
Ejercicio seguro: cuándo consultar antes de comenzar
La mayoría de las personas puede iniciar actividad física de intensidad leve o moderada de manera progresiva. Sin embargo, quienes presentan presión muy elevada o no controlada, enfermedad cardiovascular conocida, dolor de pecho, falta de aire desproporcionada, mareos, desmayos o limitaciones importantes deben consultar antes de comenzar o intensificar un programa de ejercicio.
La medicación antihipertensiva no debe suspenderse ni modificarse por cuenta propia. También es importante evitar contener la respiración durante los ejercicios de fuerza, realizar una entrada en calor y una vuelta a la calma, hidratarse y detener la actividad ante síntomas de alarma.
“Moverse ayuda, pero no reemplaza los controles ni la medicación cuando está indicada. La clave está en integrar actividad física, alimentación saludable, menor consumo de sodio, buen descanso y adherencia al tratamiento. Controlar la hipertensión es una construcción cotidiana y cada paso suma”, concluye la Dra. Tripolone.
Además de moverse: otras claves del Consenso 2025
La actividad física es uno de los pilares del tratamiento, pero el control de la hipertensión requiere una mirada integral. El nuevo consenso también destaca estas recomendaciones y actualizaciones:
1. Aumentar el consumo de potasio a través de frutas, verduras y legumbres puede ayudar a reducir la presión. Esta recomendación debe individualizarse y no se aplica de manera general a personas con enfermedad renal avanzada.
2. Incorporar alimentos fermentados con probióticos, como yogur o kéfir, puede complementar una alimentación saludable, sin reemplazar la medicación ni las demás medidas de cuidado.
3. Cuando se necesita tratamiento farmacológico, comenzar con una combinación de antihipertensivos puede permitir alcanzar las metas más rápidamente y mejorar la adherencia. La elección debe ser indicada por el profesional tratante.
4. En la mayoría de las personas bajo tratamiento se busca alcanzar valores menores de 130/80 mmHg, sin intentar descensos por debajo de 120/70 mmHg. Los objetivos deben adaptarse a la edad, la fragilidad y la situación clínica.
5. La clasificación se simplificó: el antiguo grado 3 dejó de considerarse una categoría separada y quedó integrado dentro del grado 2.
6. El consenso dejó de utilizar el término “urgencia hipertensiva”. Una cifra muy elevada sin daño agudo de órganos no debe bajarse bruscamente ni tratarse por cuenta propia; requiere evaluación médica para definir la conducta.
7. El abordaje incorpora con mayor énfasis el estrés y factores ambientales como el ruido y la contaminación del aire, que pueden contribuir al aumento de la presión y del riesgo cardiovascular.
El primer paso: conocer la presión
Todas las personas adultas deberían conocer su presión arterial al menos una vez al año. Para obtener registros confiables se recomienda utilizar un tensiómetro automático validado, descansar cinco minutos antes de la medición, permanecer sentado con la espalda apoyada y los pies en el piso, mantener el brazo a la altura del corazón y realizar dos mediciones separadas por un minuto.
Ante valores repetidamente elevados se debe consultar al equipo de salud. Si una presión muy alta se acompaña de dolor de pecho, falta de aire, debilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, confusión o alteraciones visuales intensas, se debe solicitar asistencia médica inmediata.
Acerca de la Federación Argentina de Cardiología
La Federación Argentina de Cardiología es una Institución científica que tiene más de sesenta años estimulando la excelencia en la cardiología nacional a lo largo y a lo ancho del país. Está presidida actualmente por la Dra. Mildren del Sueldo de la ciudad de Villa María, Córdoba.
La FAC está compuesta por 31 Sociedades Federadas, 5 delegaciones, 27 Comités Científicos de Subespecialidades y 17 Secretarías, de las cuáles la de Extensión a la Comunidad, cuyos responsables son los Dres. Ayelén Rosso, Alejandro Amarilla y Paola Courtade son los encargados de ejecutar las políticas vinculadas a la prevención dirigidas al público general no médico. Además, el Dr. Gerardo Senesi se desempeña como nexo entre la Mesa Directiva de la FAC y la Secretaría de Extensión a la Comunidad.
Esta conformación y desarrollo del trabajo representa un aporte de la Institución como Sociedad Médica, a la concientización y prevención de la enfermedad cardiovascular. Sus bases federales y de gran presencia nacional no eluden su gran proyección internacional. Es miembro pleno de la World Heart Federation, European Society of Cardiology, miembro del American College of Cardiology, American Heart Association, Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC), entre otras.




























