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Desescalar el tratamiento y sumar los beneficios de la actividad física: la nueva tendencia para afrontar el cáncer de mama con menos efectos adversos

El mayor conocimiento del tumor más frecuente entre las mujeres, hoy permite mantener el mismo control oncológico con una menor intervención. En la práctica, esto significa menos cirugías, quimioterapias y sesiones de rayos. Los beneficios que aporta la actividad física para acompañar y potenciar este proceso. 

La atención del cáncer de mama es un campo dinámico, que año tras año presenta avances y novedades que buscan abordar la enfermedad de un modo más efectivo y con el foco puesto en las características particulares de cada paciente. En el último tiempo, el mayor conocimiento de este tumor permitió reducir la cantidad de terapias que se aplican en cada caso, en un proceso que se conoce como desescalamiento. Esta tendencia –que combinado con la realización de actividad física potencia sus beneficios- apunta a no sólo reducir los tiempos de los tratamientos, sino también a bajar significativamente sus efectos adversos. 

“Cuando hablamos de desescalamiento, nos referimos a intentar obtener el mismo control oncológico con la menor intervención posible: menos cirugía, menos radioterapia, menos quimioterapia o tratamientos más cortos.Puede ofrecerse en los casos donde la evidencia demuestra que una intervención adicional aporta poco beneficio para un determinado grupo de pacientes, con el objetivo fundamental de evitar el sobretratamiento. En los últimos años, este proceso se ha acelerado y contamos con cada vez más evidencia científica que nos ayuda a personalizar el tratamiento. Entender el riesgo particular de cada paciente nos permite disminuir los efectos adversos sin comprometer el buen resultado oncológico”, plantea el mastólogo Federico Coló (MN 47917), director del Centro Mamario del Instituto Alexander Fleming (IAF).

Este concepto hoy se adopta en las distintas ramas del tratamiento del cáncer de mama, que es el tumor más frecuente entre las mujeres con más de 20 mil nuevos casos diagnosticados al año en nuestro país, según las últimas estimaciones del Observatorio Global del Cáncer (Globocan).  En el área de la cirugía, por ejemplo, en los últimos años surgieron intervenciones quirúrgicas más pequeñas y técnicas más precisas que permiten disminuir al máximo los efectos indeseados (como la alteración de la sensibilidad o el linfedema), como así también el tiempo de duración de las cirugías, los días de internación y las complicaciones asociadas.

“En tanto, en el área de la radioterapia actualmente contamos con una sólida evidencia que nos permite repensar los esquemas de tratamiento que se utilizaron clásicamente en el cáncer de mama. Hoy en determinados casos se ofrecen tratamientos más cortos y personalizados, e incluso en ciertos casos podría considerarse la omisión de la biopsia del ganglio centinela”, detalla el doctor Coló.

En ese sentido, la doctora Luciana Sabatini (MN 153025), mastóloga y ginecóloga del IAF, señala que la clave está en comprender que utilizar todas las herramientas terapéuticas disponibles no asegura un mejor resultado oncológico. “El desarrollo de drogas que actúan de forma selectiva y dirigida según el tipo de tumor, el avance de técnicas quirúrgicas menos invasivas y más precisas y el desarrollo de esquemas de radioterapia más acotados nos permiten contar con alternativas diseñadas para cada caso en particular. Lo que verdaderamente ganó terreno en los últimos años es comprender el tratamiento del cáncer de mama en forma personalizada y multidisciplinaria”, afirma.

Cuándo es posible desescalar el tratamiento

La detección temprana es una herramienta clave para optimizar el resultado de los tratamientos del cáncer de mama. Ante la aparición de síntomas como la detección de un nuevo bulto o una masa dura dentro de la mama, cambios en la piel, alteraciones en el pezón, inflamación o secreciones anormales es fundamental hacer una consulta con un especialista, para verificar si la sospecha es cierta. Un diagnóstico a tiempo también permite acceder a la mayoría de las técnicas de desescalamiento.

“De los subtipos de cáncer de mama, aquellos que llamamos luminales (es decir, que expresan receptores hormonales y no sobreexpresan una proteína llamada HER2neu) cuando se presentan en estadios iniciales son pasibles de ser tratados con técnicas más conservadoras, sobre todo en relación al tratamiento quirúrgico. Esto no significa que en otros subtipos tumorales no pueda evaluarse el desescalamiento terapéutico, cada caso debe individualizarseteniendo en cuenta no solo características del tumor, sino factores relacionados con el paciente (como la edad, enfermedades asociadas, antecedentes familiares, entre otros)”, detalla el doctor Coló.

El experto agrega que cuando el diagnóstico de realiza en estadios iniciales, las posibilidades de curación son muy altas, ya que rondan el 90%. “En estadios avanzados o incluso en aquellos casos donde existe compromiso de la enfermedad en otras partes del cuerpo, los nuevos tratamientos han logrado aumentar considerablemente la sobrevida, buscando como objetivo principal cronificar la enfermedad y asegurar una adecuada calidad de vida”, agrega el mastólogo del IAF.

La clave, en cualquier de los casos, está en entender el tratamiento del cáncer de mama de forma personalizada y bajo un abordaje multidisciplinario, que es independiente al estadio de la enfermedad. “El objetivo principal está centrado en comprender que no siempre ‘más’ tratamiento es ‘mejor’. Recibir tratamientos conservadores, acotados y personalizados permite evitar las complicaciones asociadas y los efectos indeseados de estas terapias, sin comprometer el resultado oncológico”, remarca la doctora Sabatini.

La actividad física, una herramienta clave

En el contexto del mes de concientización, este lunes 19 de octubre es de Día Internacional del Cáncer de Mama, una fecha que busca poner en agenda la enfermedad y promover su prevención. La recomendación principal es que a partir de los 40 años todas las mujeres se realicen una mamografía en forma anual y es importante tener en cuenta que estos controles se pueden adelantar en caso de tener antecedentes familiares de la enfermedad.

La actividad física es, históricamente, una de las pautas centrales para la prevención. Ahora, además, se convirtió en una aliada clave para las pacientes que están atravesando un tratamiento. “Es un pilar fundamental para mitigar los efectos secundarios más frecuentes de la quimioterapia y otras terapias. Practicar ejercicios aeróbicos y de fuerza ayuda a combatir la fatiga, mantener la masa muscular, evitar la ganancia de grasa y preservar el estado de ánimo y la calidad de vida. No busca reemplazar ningún tratamiento médico, sino que forma parte del tratamiento integral: mejora la condición física y mental en cada etapa del proceso”, explica la doctora Águeda M. Cotignola (MN 153025), que es médica clínica, deportóloga y especialista en ejercicio en oncología.

La experta integra el staff de internación del Instituto Alexander Fleming y coordina el programa de ejercicio para pacientes oncológicos que comenzó a implementar la institución en enero de este año, una iniciativa única en la Argentina de la que participan mayormente mujeres con diagnóstico de cáncer de mama. “El programa, que llevó 5 años de desarrollo, está creado sobre la base de las recomendaciones actuales de las sociedades científicas. Consta de sesiones planificadas de ejercicios, tanto aeróbicos como de fuerza muscular, con una modalidad progresivasemana tras semana que se adaptan a la capacidad de cada paciente. Para facilitar su desarrollo, se diseñó una aplicación móvil específica que se descarga en el teléfono celular y permite la programación y seguimiento de la evolución de cada paciente”, detalla.

Si bien el programa tiene una modalidad no supervisada, se realizan reuniones informativas grupales y consultas presenciales individuales de seguimiento (previo al inicio, al mes, a los 3 y a los 6 meses) en las que se evalúa la evolución. Esto se realiza a través de la medición de parámetros objetivos que incluyen el peso, con composición corporal (masa muscular y masa grasa), un test de caminata de 6 minutos, una prueba de fuerza muscular en las manos y una encuesta de calidad de vida. También se registra cuánto tiempo emplea la aplicación y cómo es su progreso.

“Aunque la actividad física beneficia a pacientes con diversos tipos de tumores, el cáncer de mama es uno de los sitios en el que se ha estudiado de forma más exhaustiva. La evidencia demuestra que mantenerse activa tras el diagnóstico reduce de manera drástica el riesgo de mortalidad general y de mortalidad específica por cáncer. Además, existe un beneficio muy específico y crucial en esta población: el control y la prevención del linfedema (la hinchazón del brazo que puede ocurrir tras la cirugía o radioterapia de ganglios). Antiguamente se aconsejaba no mover el brazo afectado, pero la evidencia científica actual desmintió ese mito. El entrenamiento de fuerza progresivo y adaptado es seguro, no empeora los síntomas y ayuda a prevenir la aparición de esta inflamación. Y, cuando ya está instalado, reduce el dolor, mejora la movilidad del hombro y devuelve la funcionalidad”, detalla la doctora Cotignola.

Una vez finalizado el tratamiento, mantener una rutina activa marca una diferencia en la salud a largo plazo. Diversos estudios demuestran que realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada (como caminatas a buen paso, baile o bicicleta) se asocia con una reducción en la mortalidad y una mejora significativa en la calidad de vida. Además fortalece la salud cardiovascular y general en la etapa de supervivencia.

“La actividad física regular es una de las herramientas de prevención más eficaces y accesibles que existen.Moverse con regularidad beneficia tanto a mujeres jóvenes como a quienes ya pasaron la menopausia.  Lo más interesante es que no se necesitan entrenamientos extenuantes ni de alto rendimiento para obtener esta protección. Mantener un nivel regular de actividad moderada a vigorosa es suficiente. Adoptar la actividad como un hábito es una herramienta de prevención simple, sumamente efectiva y duradera para proteger la salud mamaria e integral”, concluye la especialista del Instituto Alexander Fleming, en el marco del Día Internacional del Cáncer de Mama.

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