Se aproxima la colecta anual de Cáritas

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Cáritas Argentina realizará una nueva edición de su Colecta Anual animada por las palabras que el Papa Francisco dirigió a la comunidad de Varginha, una favela pacificada de Río de Janeiro (Brasil), que vive situaciones de pobreza y exclusión social: *“Todo lo que se comparte se multiplica”*. Es así como Cáritas entiende a la solidaridad: es un acto que incluye al que da y al que recibe; es acercar una oportunidad para que el que la reciba pueda también aportar a la comunidad aquello que realmente esté a su alcance.

Cáritas sostiene y desarrolla durante todo el año iniciativas relacionadas con micro-emprendimientos productivos y de autoconsumo, capacitación laboral, planes de inclusión educativa, formación en ciudadanía, centros comunitarios de atención integral, jardines maternales, entre otros. También asume tareas en prevención y atención de emergencias climáticas y trabajo con personas en situación de calle, junto a otras acciones de tipo asistencial, conforme a necesidades y lugares específicos.

Palabras de Monseñor Ojea

Quisiera comenzar esta breve reflexión con ustedes sobre la colecta de Cáritas -que se realiza, como todos los años, el segundo fin de semana de junio-, con unas palabras del papa Francisco en su carta sobre la Alegría del Evangelio.

Dice Francisco: “Cuando san Pablo se acercó a los Apóstoles de Jerusalén para discernir « si corría o había corrido en vano » (Ga 2,2), el criterio clave de au­tenticidad que le indicaron fue que no se olvida­ra de los pobres” (cf. Ga 2,10)”.

La primera Iglesia tenía muchos problemas, y sin embargo se unió justamente en esto: en no olvidarse de los pobres, en no olvidarse de la colecta de aquellos que estaban en la indigencia.

El Papa continúa diciéndonos en su carta: “Este gran criterio, para que las comunidades paulinas no se dejaran devorar por el estilo de vida individualista, tiene una gran actualidad en el contexto presente. La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha”: nuestros pobres.

El lema de la colecta de este año es: “Compartir es multiplicar”, y nos remite al Evangelio de la multiplicación de los panes y de los peces; allí hay algunos elementos que querría destacar, uno de ellos es la compasión de Jesús.

Jesús primero se compadece de la multitud. Ve esa enorme multitud que lo seguía, que se queda toda una tarde compartiendo como el Señor, que se queda viendo como el Señor cura los enfermos.

Les predica largamente, y finalmente cuando baja el sol, y ya hace frío, los discípulos le dicen: “Despedí a la multitud, porque tienen que ir a comer”. ¿A dónde iba ir a comer esa multitud pobre y hambrienta?

Si Jesús los despedía, posiblemente no hubieran comido nada, y sin embargo Jesús, por esa compasión que es ponerse en el lugar del otro, que es sentir lo mismo que el otro está sintiendo -eso quiere decir compasión en el Evangelio, no lástima; es estar con el corazón padeciendo con aquel que padece-, Jesús les dice: “Denle ustedes mismos de comer”, es decir, pone la responsabilidad en los Apóstoles.

Pero aquí no hay nada, acá hay poquito, cinco panes y dos peces…

No importa, con eso se puede mucho y se puede todo. Y se pudo tanto, que se llenaron doce canastas y sobraron, dice el Evangelio.

Allí vivieron esta experiencia de compartir. Cuando compartimos podemos multiplicar.

Fijémonos que el mundo produce alimento suficiente para dar de comer a todos sus habitantes, y sin embargo, el alimento no llega a muchísimas, muchísimas mesas de nuestros hermanos.

¡Qué increíble que podamos vivir una humanidad así! ¡Qué increíble que podamos tener muchas veces, por  nuestros propios pecados, una falta de reconocimiento de ver en el pobre un hermano nuestro!

Con respecto al alimento, diría yo: si hay suficiente alimento para dar de comer a todos, ¿cómo debe movernos el corazón una colecta en la que buscamos el bien de nuestros hermanos?, no solamente su alimento, aquello que les falta para su dignidad de persona; aquello que hace a su posibilidad, a su promoción, a la capacidad de salir de situaciones que los hacen menos dignos, y menos personas.

En nuestra Diócesis la colecta ya va teniendo la tradición de jóvenes que salen a la calle, para participar, para tocar el corazón de los hermanos, para que la colecta sea un gesto que nos comprometa más.

¡Qué bueno sería que en muchas comunidades nuestras, aquellas mismas personas beneficiadas por el trabajo de Cáritas, puedan participar juntos con nosotros de la colecta! Esto nos haría sentir todavía, muchísimo más cerca de aquellos que verdaderamente necesitan.

Queridos hermanos, que este año la colecta que hagamos; el trabajo que realicemos; el esfuerzo por llegar al corazón de los hermanos, sea verdaderamente eficaz.

Sabemos que los destinatarios de esta colecta son realmente los que más necesitan.

¡Qué podamos vivir este servicio para dar un pasito hacia esto que busca Jesús en el Evangelio!

¡Qué podamos ver en los pobres al mismo Jesús y que podamos recibir de ellos las enseñanzas del Evangelio!

¡Qué Dios los bendiga y que tengamos una colecta entusiasta y eficaz!

Monseñor Oscar Ojea

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