Francisco a los jóvenes: “Hagan lío, pero luego ayuden a arreglarlo”

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El papa apeló a las Bienaventuranzas de San Mateo -capítulo V de la Biblia- para alentar a la juventud a tener “un corazón libre” y les recordó luego que Dios es “fortaleza” y que “hace falta sacrificio y andar contra corriente”.

Francisco invitó a vivir “con esperanza y fortaleza” y no “cansados y con cara de aburridos” a miles de jóvenes católicos reunidos en la costanera de Asunción, les pidió que “recen por tantos chicos y chicas que no tienen la gracia” de haber conocido a Jesús y los instó nuevamente a que “hagan lío” pero luego ayuden a arreglarlos, al finalizar en Paraguay la gira que lo llevó primero a Ecuador y Bolivia.

“Necesitamos jóvenes con esperanza y fortaleza, no queremos jóvenes que se cansen rápido y estén con cara de aburridos, queremos jóvenes fuertes, con el corazón libre, con solidaridad , trabajo, esfuerzo y esperanza”, dijo el Santo Padre en un multitudinario encuentro a la vera del río Paraguay.

En el inicio del acto, Francisco escuchó los testimonios de Liz, que habló de su realidad como única hija, con su madre con Alzheimer y su abuela también enferma, y de Manuel, de escasos recursos, entregado por sus padres que no lo podían mantener y maltratado y explotado por una familia de la Capital.

Seguidamente Orlando leyó el Evangelio y a su término le pidió al Papa que “rece por la libertad de cada uno”.
Sobre esa petición, el Santo Padre inició su discurso y destacó el pedido del joven.

“La libertad de cada uno de nosotros, esa es la bendición que pedimos. La libertad es un regalo que nos da Dios, hay que saber recibirla y tener el corazón libre”, afirmó.

En es sentido, agregó que “hay lazos que impiden nuestra libertad, la explotación, la falta de medios para sobrevivir, la drogadicción y la tristeza. Todo eso nos quita la libertad”.

“Un corazón que pueda hacer lo que sienta, es tener un corazón libre”, dijo el Pontífice y le pidió a Jesús: “danos un corazón libre, que no sea esclavo de todas las trampas del mundo, de la comodidad, de la buena vida, de los vicios y de una falsa libertad que sería hacer lo que me gusta a cada momento”.

Destacó especialmente las palabras de Liz:”empecé a conocer a Jesús” y de Manuel : “conocí a Dios”, y apeló a las Bienaventuranzas -San Mateo, capítulo V- para alentar a la juventud a tener “un corazón libre” y les recordó luego que Dios es “fortaleza” y que “hace falta sacrificio y andar contra corriente”.

El Evangelio, señaló, “no dice felices los ricos, lo que tienen plata” sino “los que tienen alma de pobres”; no dice que serán felices “los que la pasan bien” sino “los que tienen la capacidad de afligirse por los demás”.

eUn fuerte y prolongado “No” respondió al “me tengo que ir” de Francisco, quien explicó que no leyó el texto que había preparado para la ocasión “porque los discursos son aburridos”, y se lo encomendó al obispo encargado de la juventud “para que lo publique”.

Al concluir, les pidió: “sigan rezando por mí” y “sigan haciendo lío”, pero también que “ayuden a organizar el lío que hacen”.

Como última oración rezó ante la multitud juvenil: “Jesús enséñanos a soñar cosas grandes, lindas, que aunque parezcan cotidianas, son cosas que agrandan el corazón. Danos fortaleza, un corazón libre, esperanza y amor y enséñanos a servir”.

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