Más de 200 ciegos recuperaron la visión gracias a un trasplante de córneas

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El trabajo del Cucaiba incrementó notablemente la procuración de este tejido. Una vez en lista de espera, los pacientes no esperan más de dos meses para la operación. Las córneas trasplantadas permiten que los ciegos de causa corneal vuelvan a ver. La historia de la platense Cecilia Fornaciari.

Algunos ciegos se curan por solidaridad. Este año 219 fueron trasplantados con córneas donadas y, poco a poco, volverán a ver. En el ministerio de Salud de la Provincia celebran que cada vez más gente sea donante: en lo que va de este año fueron 360, un 144 por ciento más que en el mismo periodo del año pasado.

Eso le pasó a Cecilia Fornaciari (54), platense, profesora de historia y trasplantada de córneas. Dice que hubiera querido agradecer a la familia de su donante, pero la ley impide dar a conocer su identidad. “Mis amigas le dicen Alberto, porque se me ha dado por mirar partidos de fútbol”, dice y ríe divertida por la ocurrencia.

Para que una persona ciega tenga chances de recuperar la visión, la causa de su ceguera debe estar en un defecto de la córnea, un tejido pequeño como una lente de contacto, transparente y delgado como un papel film.

El presidente del Cucaiba, Adrián Tarditti, confirma que gracias al incremento en la cantidad de personas que deciden donar córneas “hoy son solo 31 los pacientes ciegos que están a la espera de un trasplante de córneas y cada uno de ellos no espera más de 60 días para ser convocado y trasplantado”.

También muestra con orgullos las cifras de este año en materia de procuración de órganos, que llega a 471, un 35 por ciento más que en el mismo periodo de 2014.

VOLVER A VER

“Queratocono, una deformación de la córnea”, le diagnosticó el oftalmólogo a Cecilia Fornaciari. Y, al principio, no se hizo mucho problema porque con los lentes de contacto podía ver. Sin ellos, solo percibía bultos borrosos, algunos colores y oscuridad. Pero desde los nueve años se había vuelto una experta en colocarse los lentes, hasta que ocurrió la desgracia: un verano en una pileta perdió un par de lentes y fue como perder sus ojos: ya nunca pudo conseguir nuevas lentes que no le provocaran un dolor insoportable, tanto que tenía que sacárselos y entrar de golpe en la ceguera.

Cuando la oscuridad se instaló en su vida se sintió completamente inválida. Por suerte su hijo y su marido estuvieron cerca. Pero ya no se animaba a salir sola y la angustia empezó a dominar la escena. Hasta que recurrió al Cucaiba y entró en lista de espera. En 2006, tras cuatro meses de espera, apareció la córnea, la operaron en el hospital provincial Rossi de La Plata y recuperó el 90 por ciento de la visión del ojo derecho.

“Yo creí que era como en las películas, que me sacaban los puntos y volvía a ver pero no”, recuerda ahora. La recuperación fue lenta, de a poco pudo distinguir su sonrisa en el espejo y, unos meses después, aparecieron  sus propios pies. Recién al cabo de un año logró una buena visión diurna. La vida le cambió completamente: se siente tan vital que se anotó en teatro y comedia musical y para sorpresa de todos descubrió un interés inédito en su vida: los partidos del domingo.

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