600 millones de enfermos anuales por patologías transmitidas por los alimentos

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Las enfermedades transmitidas por los alimentos (ETA) constituyen una importante causa de morbilidad y mortalidad y un significativo impedimento al desarrollo socioeconómico en todo el mundo. Esto ha sido así desde el inicio de la humanidad, pero hasta la fecha, no se conocía con exactitud la magnitud de las complicaciones que generan los alimentos insalubres.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha acabado con esa incertidumbre y ha puesto números a este gran problema mundial en un informe en el que han participado más de 100 expertos de todo el planeta. Y los datos reflejan que, cada año, 600 millones de personas (o lo que es lo mismo, una de cada 10) enferman después de haber ingerido comida contaminada, bien por bacterias, virus, parásitos, toxinas o químicos. 420.000 acaban muriendo.

Para realizar este documento, que ha llevado más de una década de trabajo, los autores incluyeron 31 agentes alimentarios causantes de 32 enfermedades: 11 agentes etiológicos de enfermedades diarreicas (un virus, siete bacterias y tres protozoos), siete de enfermedades infecciosas invasivas (un virus, cinco bacterias y un protozoo), 10 helmintos y tres productos químicos.

La mayoría son diarreas
Según el documento, las enfermedades diarreicas son responsables de la mayoría de estas patologías: 550 millones de personas las sufren cada año, de las cuales, 230.000 fallecen. Normalmente, su causa es el consumo de carne cruda o poco cocida, o los huevos y productos lácteos contaminados por el norovirusCampylobacter, la salmonela no tifoidea o la E. coli.

Los niños menores de cinco años son los más vulnerables a las diarreas en particular (cada año, 220 millones las sufren y 96.000 mueren) y a las enfermedades transmitidas por los alimentos en general. De hecho, los pequeños acaparan el 30% de estas complicaciones, a pesar de que los que aún no han cumplido los cinco años sólo suponen el 9% de la población mundial.

Los pequeños que sufren malnutrición están todavía más indefensos frente a este tipo de enfermedades. En ellos, se produce un terrible círculo vicioso: sus pobres condiciones de vida les hacen estar más expuestos a la comida contaminada, lo que aumenta sus posibilidades de enfermar y sufrir una diarrea, y con ello, agravar aún más su malnutrición. En total, 125.000 niños menores de cinco años mueren cada año por este tipo de enfermedades, pero las mujeres embarazadas, las personas mayores y las inmunodeprimidas también tiene un riesgo extra de sufrirlas.

Además de las diarreas, otro importante contribuyente a esa impresionante cifra de 600 millones de ETA, son la fiebre tifoidea [causada por la bacteria Salmonella Typhi], la hepatitis A [que se transmite principalmente cuando una persona no infectada y no vacunada come o bebe algo contaminado por las heces de una persona infectada], la solitaria Taenia solium, y las aflatoxinas [producidas por el moho en el grano que se almacena de forma inapropiada].

Diferencias regionales
Como no todo el mundo come igual, ni las infraestructuras alimentarias están desarrolladas de la misma forma en todas partes, el impacto de estas enfermedades varía de una región a otra. Los norteamericanos son los que salen mejor parados en la estadística, seguidos de los europeos. La tragedia real se vive en los países en desarrollo, donde con frecuencia se utiliza agua contaminada para lavar la comida o los químicos de la agricultura no son los adecuados.

De esta forma, África se lleva la peor parte. En este continente se concentra la mayor carga de estas patologías, lo que hace que 91 millones de africanos enfermen cada año y unos 137.000, según las estimaciones de la OMS, mueran. Los compuestos químicos, específicamente el cianuro y la aflatoxina, causan el 25% de este tipo de muertes en la región africana. Allí existe el Konzo, un tipo de parálisis exclusiva de esta zona que se produce cuando la yuca está infectada por cianuro, y que causa una muerte por cada cinco personas afectadas.

La segunda zona más golpeada por estas enfermedades escondidas es el sudeste asiático, con unos 60 millones de niños afectados cada año, 50.000 de los cuales acaban falleciendo. Allí, las principales causas son las diarreas, la salmonelosis o la tenia del cerdo, que puede ocasionar quistes en el cerebro que deriven en epilepsia.

Una gran parte es evitable
Para abordar este gran problema de salud pública, la OMS defiende que es necesario un enfoque multisectorial que implique a gobiernos y organizaciones internacionales, ya que las enfermedades transmitidas por los alimentos afectan, además de a la salud, a la economía, comprometiendo el turismo, la agricultura y la exportación de alimentos.

“El acceso al mercado alimentario de los países en desarrollo dependerá de su capacidad para abordar estas cuestiones”, sostiene la OMS, que cree que las “considerables diferencias” entre países reflejan que “una gran proporción de los casos son evitables”.

Existe, por tanto, una “necesidad urgente” de desarrollar medidas de higiene alimentaria que sean coste-efectivas y que se puedan implementar en contextos de pocos recursos. Algunas podrían ser la integración de la calidad de la comida en los programas de nutrición, o favorecer y estrechar la colaboración entre los distintos sectores implicados en este desafío, como son la agricultura, el sistema sanitario, la salud animal, el comercio o el turismo.

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