Dirigir nuestro corazón para esperar

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Por monseñor Oscar Ojea (*)

Comenzamos este tiempo de Adviento, que es un tiempo fuerte, esperando la venida del Señor.

Nosotros los seres humanos sabemos en el fondo del corazón, que si destruye nuestra esperanza nos autodestruimos nosotros. Sin esperanza no somos nada.

Los hombres estamos más hechos de más cosas chiquitas y de sueños, de ilusiones y de proyectos que de realidades.

Necesitamos esperar, necesitamos esperar porque tenemos tantas necesidades, nuestras fragilidades y pobrezas son tantas. Si echamos una mirada alrededor podemos observar todo lo que nos falta.
¡Qué necesidad tenemos de dirigir el corazón para esperar! ¡Qué necesidad tenemos de proyectar; de crear; de tener ilusiones nuevas, de pensar que algo nuevo tiene que venir!

Cuando tenemos hijos, cuando los vemos crecer; cuando vemos la realidad de nuestros jóvenes, qué necesidad enorme tenemos de dirigir nuestra esperanza, alguien que pueda verdaderamente colmarla.

La esperanza es más profunda cuando esperamos juntos porque nos sostenemos en la esperanza, nos vamos animando unos a otros.

Cuando nos dejamos llevar por el desánimo, por el desaliento, por la depresión, por la tristeza, cuando bajamos los brazos y decimos: “Se acabó, no hay nada más, no espero más”, allí aparece este gesto maravilloso del hombre y del cristiano, de la persona que está al lado nuestro y que nos sostiene, nos anima, nos estimula; una palabra; una caricia; un silencio; un estar al lado nuestro, una persona que vuelve a ponernos a tono con lo más fundamental de la vida que esta capacidad de esperar, de pensar en mañana, de volver a soñar.

El pueblo de Israel esperó en comunidad al Mesías. El Mesías es la síntesis de todo lo que esperaba el pueblo de Israel y nosotros los cristianos esperamos en Dios, esperamos al Niño Dios que nos sorprende con esta nueva presencia entre nosotros; con este nuevo querer apostar por nosotros para acompañarnos en el camino de la vida, para decirnos que no estamos solos.

Pero para poder esperarlo juntos, para poder sostenernos en la esperanza necesitamos vaciarnos de nosotros mismos y hacer de nuestro corazón un pesebre que esté limpio; limpiar ese lugar interior, cuidarlo para que el Niño pueda habitar en él y llenar todos los rincones de nuestro corazón cuando venga, por eso proponemos la Colecta de Adviento desde Cáritas, y proponemos esta colecta para poder limpiar el corazón, para poder purificarlo, para dejarlo más ágil y más libre para que el Niño Jesús lo ocupe en plenitud.

Qué importante que es este gesto del cual el Apóstol San Pedro dice: “Cubre la multitud de los pecados, la limosna cubre la multitud de los pecados”, que verdad tan profunda, cuando entramos en conexión con el hermano, cuando podemos sacar algo de nosotros y aportar a su necesidad.

“Compartir en Navidad, multiplica la esperanza” dice el lema de Cáritas. Navidad, necesitamos ahondar nuestros lazos, nuestros vínculos. Ya sean nuestros vínculos familiares que los necesitamos para poder celebrarla en plenitud como nuestros vínculos comunitarios, y para ahondar nuestros vínculos comunitarios ¿cómo no hacerlo con nuestros hermanos que más lo necesitan? ¿Cómo no ayudarnos a alimentar las fibras de la sensibilidad del corazón para poder ayudar a los hermanos que más lo necesitan? Y de este modo alimentar la esperanza, construir la esperanza.

Esta multiplicación que nos propone el lema que sea una verdadera multiplicación de la esperanza.
Que este tiempo, que es un tiempo nuevo que nos prepara para recibir al Niño Dios, pueda aumentar en nosotros la caridad, aumentar en nosotros el deseo de mirar, de escuchar y de atender las realidades de nuestros hermanos.

Yo veía hace un ratito en algunas fotos que me entregaron en Cáritas, celebrando el comienzo del Año de la Misericordia, como desde nuestros Centros abrían las puertas algunos niños, algunas mamás, qué bien que haría este gesto comunitario de poder ayudarnos más entre nosotros, estar más cerca para poder entrar por esa puerta con el corazón a cada uno de nuestros Centros y poner nuestra partecita de solidaridad para estar auténticamente juntos en esta Navidad.

Que nos haga bien el haber pensado, rezado y practicado esta Colecta en este tiempo y que prepare el corazón para vivir una Navidad auténticamente cristiana.

¡Qué Dios los bendiga!

(*) Obispo de la Diócesis de San Isidro

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