El suicidio adolescente es la segunda causa de muerte en jóvenes de 15 a 24 años

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El suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes de 15 a 24 años. Y la dependencia de sustancias tiene una gran incidencia. Capacitan a los docentes y equipos de salud para detectar casos de alta vulnerabilidad.

En el país los adolescentes y jóvenes mueren, en la mayor parte de los casos, por accidentes y por suicidios. Según datos del ministerio de Salud de la Nación, de las 6.573 muertes de adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años que se producen anualmente, casi 1.000 son por suicidio. Asimismo, las drogas y el alcohol suelen acompañar en el camino de la autodestrucción.

Frente a estos datos, el ministerio de Salud de la Provincia decidió crear un Programa de Abordaje Integral del Suicidio que se puso en marcha la semana pasada, con una primera jornada para docentes y equipos de salud que se realizó en el museo “17 de Octubre” de San Vicente.

“La idea es que los educadores observen y capten rápidamente a los chicos en riesgo, sepan identificar las posibles causas, convoquen a las familias y ofrezcan herramientas de ayuda”, precisó el ministro, Alejandro Collia

El Programa de Abordaje Integral del Suicidio tiene tres ejes de intervención: la Prevención , la Asistencia y el manejo de la Postvención (consecuencias entre familiares y allegados) del suicidio.

A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que cada año se cometen 1.000.000 de suicidios. Esto significa una muerte cada 40 segundos. Y al igual que ocurre en el país, el suicidio se encuentra entre las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de 15 a 44 años, y es la segunda causa de muerte en la población de 15 a 24 años.

“No es nada fácil hablar de las causas, el suicidio es multicausal y sumamente particular; pero hemos podido observar un peso notable del suicidio en jóvenes adictos al alcohol, la cocaína y la pasta base”, precisó el Director de Salud Mental de la cartera sanitaria provincial, Aníbal Areco.

Las últimas estadísticas del ministerio de Salud de la Nación (2012) hablan de 968 suicidios en adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años. Los expertos en salud mental se animan a estimar que por cada caso consumado hay entre 20 y 30 intentos.

“En la población general, casi el 95 por ciento de los suicidios se asocian a enfermedades psiquiátricas: en primer lugar la depresión, seguida por los trastornos de ansiedad severos, el trastorno bipolar y, en cuarto lugar, las adicciones; esta última es muy frecuente en jóvenes”, explicó Areco.

Los especialistas coinciden en que la dependencia de sustancias, ya sea del alcohol como de drogas de abuso, aumenta hasta cinco veces el riesgo de suicidio. En ese sentido, Areco recordó que la Subsecretaría de Salud Mental y Adicciones ofrece una línea gratuita para brindar asesoramiento a las familias o afectados por una adicción. El teléfono es el 0800-222-5462 y asiste las 24 horas los 365 días del año.

En la Jornada organizada por la Subsecretaría de Salud Mental y Adicciones con docentes y profesionales del Hospital y el CPA de San Vicente participaron Héctor Basile, referente nacional en prevención del suicidio; Juan José Fernández y el padre Jorge Beigbeder, sacerdote de la parroquia Nuestra Señora del Valle de Ezeiza, quien asumió un compromiso personal con los desesperanzados.

Él mismo se encarga de difundir su teléfono, en el que brinda asesoramiento y “ayuda espiritual” a quienes piensan en suicidarse. El número es el (011) 4245-3333 y está habilitado desde las 22 hasta las 6 de la mañana los 365 días del año, sin feriados. También habilitó un celular de ayuda espiritual las 24 horas: (011) 15-5636-3474, destinado a personas en situación de crisis que necesitan ser escuchadas y derivadas a algún centro de salud.

¿Se puede prevenir?

Si la familia, los amigos y la escuela aprenden a captar las situaciones críticas y realizan intervenciones oportunas, es posible prevenir la tragedia. Un adolescente está en plena definición de su identidad, si a eso se suma un consumo problemático de drogas o alcohol, habrá que encender las alarmas, contener y orientar.

“En estados de intoxicación aguda, el efecto de las sustancias colaboran porque eliminan o reducen los mecanismos psicológicos de control y autopreservación y liberan la impulsividad autoagresiva”, explicó Areco. También, hay mayor vulnerabilidad en estados de abstinencia por cocaína o alcohol “porque después de la euforia que proporciona la droga viene el bajón, un estado depresivo que puede empujar hacia el suicidio”.

A modo de recomendación para captar a tiempo la vulnerabilidad en adolescentes, los especialistas en salud mental recomendaron a los docentes que cuando observen un cuadro de profundo retraimiento, cambios de conducta, automutilaciones, cambios repentinos de grupo de pertenencia, integración de tribus urbanas con tendencia a la autoflagelación, consumo problemático de alcohol o drogas, es clave convocar a la familia, dar intervención al gabinete psicopedagógico e iniciar un tratamiento.

En cuanto al género, Areco señaló que son los hombres los que consuman más suicidios. Sin embargo, por los métodos utilizados, son más las mujeres que lo intentan. Solo que como ellas suelen apelar a pastillas, muchas veces sobreviven porque son rescatadas a tiempo o porque no llegan a ingerir el tipo o la cantidad de droga que resulta letal.

En cualquier caso, Areco advirtió que, contrariamente a lo que se cree, la persona que amenaza con suicidarse suele hacer el intento. “No hay que minimizar las advertencias, ni los dichos al pasar, porque por lo general dan cuenta de algo que se está pensando, elaborando y que probablemente se convierta en un acto”.

También aclaró que, muchas veces, el suicidio se consuma en una fase de mejoría, cuando la persona tiene la energía y la voluntad para convertir sus pensamientos desesperados en una acción autodestructiva. No obstante, una persona que alguna vez haya tratado de suicidarse no tiene por qué estar necesariamente siempre en riesgo. Los pensamientos suicidas pueden reaparecer, y es muy importante que su entorno familiar o social estén atentos para escuchar, acompañar y realizar una consulta a tiempo.

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