Las PyMEs como agentes de cambio y su rol para igualar oportunidades

Por Luján Barbieri, Directora Industrial de Barbieri 

Según un informe del Ministerio de Economía de la Nación, las pequeñas y medianas empresas son las responsables del 62% del empleo asalariado registrado en nuestro país y, en el segundo trimestre de este año, generaron más de 148.000 puestos de trabajo. Las Pymes tenemos, si con este objeto diseñamos políticas y estrategias, un gran potencial de creación y transformación de nuestra cultura y de su manera de valorar. Como actores sociales y generadoras de puestos de trabajo, las empresas del sector privado estamos llamadas a asumir el compromiso de trabajar en el desarrollo sostenido e integral de nuestro entorno. En este sentido, debemos comprender y encarnar una concreta responsabilidad en la definición de políticas que promuevan mayor igualdad de oportunidades.

Particularmente en los espacios tradicionalmente más ligados a lo masculino, como lo es el de la industria de la construcción, las reflexiones que seamos capaces de hacer, las decisiones que tomemos, las acciones que llevemos adelante, en fin, las políticas que diseñemos, tendrán un poderoso impacto en la generación de entornos más fértiles para el nacimiento de nuevas formas de trabajo, de nuevas relaciones entre las empresas, sus colaboradores, sus comunidades y el medio ambiente.

¿Qué tipo de liderazgo demanda, teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, un mundo que tiene muchas cuestiones por revisar en términos de oportunidades, igualdad e incluso libertad individual y colectiva? ¿Y por qué aún en varios casos seguimos esperando que nuestros líderes tengan principalmente características históricamente “masculinas” en su estilo de conducción, es decir, un liderazgo autoafirmativo, jerárquico y transaccional?  Tal vez este tipo de liderazgo sea el más efectivo a la hora de obtener resultados exclusivamente económicos: rentabilidad.  Pero cuando decidimos extender el sentido, el propósito y la responsabilidad de nuestra organización, con la convicción de que en un buen “negocio” el resultado económico debe motorizar un círculo virtuoso de impacto ambiental y social, empezamos a entender que nuestros líderes deberán tener características históricamente consideradas “femeninas”: un liderazgo comunitario, social, participativo y transformacional.  Podemos incluso pensar esto más allá del género y más allá también de las posiciones de liderazgo formales y jerárquicas.  Cuando revisamos de esta manera el concepto de “negocio”, estamos construyendo un nuevo paradigma de organizaciones de Triple Impacto, cuyo éxito se mide de igual manera en los ejes interrelacionados de personas, medio ambiente y resultado económico.  Para convertirse en una nueva forma de gestionar nuestras empresas, esta revisión demandará reflexionar primeramente sobre nosotros mismos, y sobre nuestra propia manera de dar sentido a lo que hacemos.  La mirada “femenina” enriquecerá poderosamente esta tarea.

Trabajar para desarrollar políticas integrales en torno a la diversidad y la inclusión, que impulsen la complementariedad y acompañen el potencial de todos los colaboradores es clave para encarnar este rol creador y tener un impacto transformador de nuestra realidad, e implica no sólo repensar nuestras organizaciones, sino tomar acciones concretas que potencien nuestra reflexión y nuestra propia transformación, en una especie de círculo virtuoso del cambio.  Fomentar prácticas concretas de inclusión de “lo femenino” en nuestra organización y en todos aquellos espacios donde nuestra empresa extiende su responsabilidad es un acelerador de los cambios de paradigma. En este sentido, desde Barbieri trabajamos activamente para la inclusión de mujeres en las actividades de la construcción, brindando capacitaciones en entornos de marginalidad, revisando las propias políticas internas de selección de colaboradores, reformando nuestras instalaciones para generar espacios apropiados para las diferencias, entre otras acciones.  Las mujeres de la organización “Mujeres a la Obra”, junto a quienes aprendimos acerca de nuestro sistema constructivo Steel Frame, y nuestras colaboradoras mujeres en la planta, dan cuenta de estas acciones.

Si estamos de acuerdo en que las palabras son una propia construcción arbitraria, entonces podremos también acordar que es necesario redefinir el significado de la palabra “negocio” para luego diseñar empresas que sepan perforar sus barreras para extender su responsabilidad de creadoras de entornos fértiles para más miradas, para más perspectivas, para más personas.

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