Adolescentes crearon el primer “mapa abierto” de la villa 31

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Un grupo de adolescentes de la Villa 31 y 31 bis elaboró el “Primer Mapa Abierto” del lugar donde viven, uno de los asentamientos más populosos de la ciudad que, paradójicamente, los mapas oficiales persisten en reflejar como un sitio vacío, ignorando tanto los 30.000 habitantes repartidos en sus 10 barrios menores como sus accesos, manzanas, calles y espacios públicos.

Presentado a fines del año pasado, el mapa fue elaborado dentro del “Taller Experimental de Arquitectura y Mapas” que el colectivo Turba de Urbanismo Barrial ofrece en el asentamiento desde 2010.

Y la veintena de asistentes tienen muy claro el impacto de esa ausencia en el desarrollo de la vida cotidiana, las relaciones internas y la integración con el resto de la Ciudad de Buenos Aires.

“Un mapa acá es útil para muchas cosas, como por ejemplo para el acceso de las ambulancias y bomberos. Yo vivo en (el barrio) Ferroviario y no sé lo que pasa en (barrio) Correos, qué salitas o centros educativos hay del otro lado: con un mapa vos podés conocer todo”, explicó a Télam Jessy Calahuana, de 19 años.

“También pasa que las facturas no llegan hasta todos los sectores y hay que ir a buscarlas a los comedores o centros comunitarios”, acotó su hermana Lesly, de 20 años.

A Micaela “un poco molesta” que los mapas no describan el interior de la villa, “porque si querés invitar a amigos o familiares, tenemos que acordar un punto fijo en Retiro para ir a buscarlos”.

Para el mapeo, los chicos tuvieron que realizar tareas que implicaron mapeos satelitales y recorridas a pie.

“Empezamos con una foto satelital del barrio y después, con recorridos, fuimos viendo y marcando lo que estaba y lo que no, porque la foto era medio antigua”, contó Lesly.

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Turba (Talleres de Urbanismo Barrial) es una agrupación conformada por profesionales de distintas disciplinas que llevan adelante un proyecto de capacitación especializada y gratuita en la Villa 31, orientado a reflexionar sobre cuestiones como la construcción de identidad y la representación territorial, la visibilización de la villa como inserta dentro de la ciudad y “la lucha por el habitat”.

“El Urbanismo barrial implica trabajar determinados temas de la ciudad desde una mirada barrial, pero con una comprensión de la totalidad, para empezar a entender quiénes somos como barrio”, explicó a Télam el arquitecto Javier Samaniego García, uno de los coordinadores del taller.

En esa práctica, la denominada “cartografía popular” o “mapeo colectivo” es uno de los caminos posibles, pues supone “un tipo de reflexión sobre el territorio que se hace en comunidad y se manifiesta en un mapa”.

En ese sentido, el mapeo colectivo es un “discurso cartográfico que sirve de contrapunto al poder hegemónico”, porque vehiculiza un sistema ideológico que es muy diferente al que está detrás de los mapas oficiales, diseñados con un afán de dominio y control desde afuera.

“El mapa es un objetivo, pero un objetivo más general es poder reflexionar sobre el espacio y el territorio y el objetivo aún más general es contribuir en un proceso de lucha que los vecinos vienen dando desde hace años” por la urbanización, aseguró el diseñador gráfico Diego Danei.

Para el politólogo Pablo Vitale, que los propios vecinos se ocupen de elaborar un hasta ahora inexistente mapa de la Villa “es bastante lógico”.

“El barrio, que es una parte de la ciudad, lo construyen quienes viven acá; y el mapa, que no lo representó el gobierno como no construyó el barrio ni lo reconoció, también lo construyen los vecinos”, agregó Vitale.

“La cuadrícula suele prefigurar ciudad antes que la ciudad misma, pero acá se da el proceso inverso: primero se establece y después aparece la cartografía”, agregó Samaniego García.

El hecho de que el mapa sea abierto presupone desde un inicio la necesidad de una actualización constante: sin ir más lejos hoy hay todo un barrio -el San Martín- que no existía cuando Turba empezó a trabajar en 2010.

“Tratamos de plasmar en un mapa la idea de que el territorio está constantemente en construcción: no es una escenografía donde vive la gente sino que es algo constitutivo a las relaciones sociales”, afirmó la socióloga Julia Ramos.

En cuanto a los objetivos del mapa, los coordinadores de Turba explicaron que lo que se busca es que sea “útil y apropiado”, entendiendo por esto último “que sea un elemento más de los tantos que funcionan en el barrio”.

En ese sentido, un requisito importante es que “sea claro y no correcto”, porque “la precisión de las cosas tiene que ver aquí más que nada con ponerse de acuerdo” sobre cuestiones como el nombre de calles y plazas o los límites de los barrios dentro de la villa, “y no tanto con que un especialista diga qué punto corresponde a qué”.

En función de esos objetivos, el mapa resalta los accesos y señaliza con una iconografía propia cuestiones importantes en la dinámica de la villa, como los centros educativos, las salitas médicas, los comedores populares, las canchas, las plazas, las radios, el único canal de televisión, los paradores, los puestos policiales y los templos religiosos.

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