Teoría y práctica de fútbol en las colonias de verano de San Isidro

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Es uno de los deportes que se practican en los campos municipales durante enero y febrero.

Son las 18.30 en el Campo de Deportes Nº 5 de Villa Adelina, pero todavía el sol no cede y los 34º grados de sensación térmica se hacen sentir. Algo que no parece afectar demasiado a  los más de cien niños que pre calientan y elongan en la cancha, mientras esperan el inicio de la Escuela de Fútbol.

Durante enero, más de 5000 chicos asisten a alguna de las colonias de verano municipales que se realizan en los seis Campos de Deporte del Municipio, en las que aprenden gimnasia y deportes varios, entre ellos el fútbol.

El profesor Julián Martínez se acerca y les indica que se hidraten. “Hace calor, chicos. Hasta que no se mojen la cabeza y tomen agua no empezamos. Primero siempre está el cuidado”, exclama.

Los participantes de la colonia, de entre 5 y 13 años, y que están divididos en grupos según el rango de edad, acatan el consejo con tal de empezar cuanto antes. En seguida se ayudan entre ellos para facilitar el “trámite”.

“Es uno de los deportes preferidos en las colonias. Todos se apasionan”, enfatiza Martínez.

Con los chicos hidratados, empiezan las clases con ejercicios de pase, conducción de pelota, ataque, defensa y tácticas del juego que son indispensables para el aprendizaje de la disciplina y sirven de antesala a los partidos.

Pasados unos veinte minutos, llega el famoso “pan y queso” donde los alumnos eligen a sus compañeros de equipo para jugar el partido.

“¿Están todos listos?”, pregunta el profesor y la respuesta afirmativa se escucha como un enorme eco. Todos a sus posiciones, suena el silbato y empiezan los partidos.

Después de festejar eufórico un gol de palomita, Sebastián Colombo, de diez años, cuenta: “Me encanta jugar al fútbol, es lo más grande que hay”.

“Los compañeros son copados y nos divertimos mucho”, resalta Tobías Leguizamón, de trece años, mientras hace pases al lado de un arco con su amigo Jaime Roldán, de once años.

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Luego de practicar jueguitos con la pelota, Ian Belgrano, de doce años, destaca: “Están buenísimos los partidos. Siempre espero este momento”.

En un abrir y cerrar de ojos para los chicos, pero que realmente duró media hora, suena el silbato y terminan los partidos. Algunos se quejan, otros festejan, pero el saludo con la mano entre los rivales “es ley”.

“Nunca fomentamos la competitividad en sí misma. Lo importante es que los chicos se eduquen en valores, se diviertan y  hagan amigos”, concluye Martínez.

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